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2007/12/06

> Elkarrizketa: Empar Pineda > "NOS INVISIBILIZAN PORQUE SE CREE QUE LAS MUJERES SOMOS ASEXUALES"

  • Empar Pineda: «Nos invisibilizan porque se cree que las mujeres somos asexuales»
  • Nacida en Hernani, reside desde hace décadas fuera de Euskal Herria, primero en Barcelona y actualmente en Madrid. Es una referente en el movimiento feminista y el colectivo de lesbianas. Precisamente, fundó el Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid y es autora de diversas publicaciones. Hoy inaugurará en el Teatro Victoria Eugenia las III Jornadas de Políticas Lésbicas.
  • Gara, 207-12-06 # Maider Eizmendi

«Los caminos del empoderamiento de las lesbianas». Ése es el título de la ponencia que ofrecerá hoy Empar Pineda para inaugurar las jornadas organizadas por la Federación Estatal de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales. Explica que el empoderamiento es «el proceso por el cual las personas, en este caso las lesbianas, vamos ganando en confianza y tomando conciencia de que nuestro deseo sexual es legítimo y placentero, lo que nos permite avanzar en la posibilidad de realizar propuestas, exigir revindicaciones», es decir, ganar poder.


Según han insistido desde los colectivos de lesbianas, uno de sus mayores problemas es la invisibilidad.

Es verdad que en relación a los gays, las lesbiana tenemos un déficit de visibilidad social tremendo y esto se manifiesta en todos los ámbitos. Por ejemplo, hay muchos más gays en el teatro, en el cine, en la televisión o en el mundo de la política. Ellos son mucho más visibles que nosotras y no es porque seamos menos; el problema es que a las lesbianas todavía hoy, a pesar de los avances que se han logrado en el reconocimiento social de la orientación lésbica, nos da bastante miedo lo que se suele decir `salir del armario'.


¿A qué se debe esta diferencia entre hombres y mujeres?
Se debe a un conjunto de factores. Por un lado, a los hombres, aunque sea llamándoles `maricones', siempre se les ha considerado seres sexuales. En el caso de las lesbianas circula la idea de que a las mujeres lo que más nos va, más que el sexo, es la ternura, el cariño, las caricias, la entrega, la devoción... Como si a las mujeres no nos fuera el sexo. Por otra parte, también pesan esas ideas de la época del franquismo de que la sexualidad de la mujer tenía que estar exclusivamente orientada a satisfacer los deseos sexuales del varón, a procrear...
Se ha roto con ese mundo de ideas carcas, tradicionales y machistas, pero aun así, todavía si una pareja de lesbianas pasea por la calle y se da un beso o se abraza muy poca gente piensa que son lesbianas; `las mujeres que son tan tiernas y cariñosas', piensan. Si vives con tu pareja tampoco pasa nada, porque piensan que `qué bien se llevan estas amigas'. En cambio, ante dos hombres que se besan por la calle apenas se duda de que son pareja. Esto supone que a corto plazo tenemos más ventaja, porque podemos hacer nuestra vida sin que se metan con nosotras, pero es a costa de negar nuestra existencia. El problema es que si no rompemos con esas `ventajillas', efectivamente seremos mucho menos visibles.


T
ambién hay otros factores que dificultan la visibilización de las lesbianas, como es el factor económico. Numerosos informes han señalado que la media del salario de las mujeres en comparación con la de los hombres está un 30% por debajo. La situación económica de las lesbianas en conjunto no es tan buena como la de los gays y, por lo tanto, tienen más miedo de que las echen del trabajo si reconocen abiertamente su sexualidad.


Por último, hay otro factor que no se ha tenido en consideración y que también es importante: nosotras solemos tener una dependencia afectiva hacia el padre y la madre muy fuerte, de manera que nos angustia más disgustarles. Muchas veces es mayor el miedo que tenemos interiorizado, el miedo a cómo van a reaccionar si se lo digo. Yo animo a todo el mundo a que comience a acabar con la invisibilidad en el entorno familiar, en el trabajo, en el centro de estudios...


Esa visibilización quizás sea la herramienta para que ese miedo al que aludía desaparezca.
Es así. Cuando una persona reconoce públicamente su sexualidad, no sólo se consigue una satisfacción personal, sino que socialmente ganamos todas. Además, la importancia que tienen los pasos que vayamos dando cada una de nosotras se refuerza con la pertenencia a los diversos colectivos.


Hablando de esos colectivos. Han hecho una gran labor y, gracias a ellos, la situación de los homosexuales ha avanzado, ¿no es así?
Sí, por su puesto. Desde la muerte de Franco hasta ahora los cambios han sido tremendos y, sobre todo, en la última época a nivel legislativo. Todo ello ha ido precedido por una continuada lucha de lesbianas y gays, para que la sociedad fuera cambiando en materia sexual y no viera sólo la heterosexualidad. Los cambios han sido muy grandes pero todavía nos queda mucho por conseguir. Por ejemplo, tenemos una ley de matrimonio, pero no hay por qué obligar a los gays y lesbianas a que tengan que casarse vía matrimonial. ¿Por qué no se impulsa una ley de parejas de hecho de ámbito estatal, por supuesto, con la posibilidad de adopción, para todas aquellas personas que quieran legalizar su situación y encontrarse cómodas socialmente, pero sin tener que casarse?


Por otro lado, necesitamos que haya muchos más recursos públicos para combatir las manifestaciones de homofobia y lesbofobia; ese miedo que tiene alguna gente hacia lo distinto y que se traduce en muchos casos en agresiones. Ese cambio hay que impulsarlo desde la escuela, donde hay que ofrecer una visión de las sexualidad que no sea sesgada, como la actual, y que recoja todas las variantes.


Habla de variedad, pero ¿no es cierto que se tiende a homogeneizar el colectivo de lesbianas?
Lo que tenemos en común es que sentimos deseo sexual por otras mujeres. Entre nosotras hay de todo y esa idea hay que difundirla, porque de esa manera se va a romper con esos estereotipos que trasmiten que todas somos unas `marimachos'.

> Elkarrizketa: Empar Pineda > "LAS LESBIANAS TENEMOS QUE SER MAS VALIENTES PARA LOGRAR MAYOR VISIBILIDAD EN LA SOCIEDAD"

  • Empar Pineda · Portavoz de “Otras voces feministas”
  • «Las lesbianas tenemos que ser más valientes para lograr mayor visibilidad en la sociedad»
  • Reivindica una ley de parejas de hecho, junto con la adopción de hijos e incluir la orientación sexual en la Educación, para convertir la dificultad en posibilidad
  • El Diario Vasco, 2007-12-06 # Patricia Rodríguez

Las III Jornadas de Políticas Lésbicas en Donostia comienzan hoy organizadas por la asociación de gays y lesbianas Gehitu y se prolongarán hasta el sábado. La portavoz del movimiento Otras voces feministas, Empar Pineda, estrena hoy el acto central del encuentro con la presentación de la ponencia Los caminos del empoderamiento de las lesbianas.


- La situación del colectivo de mujeres lesbianas ha mejorado con los años. ¿Qué queda por hacer?
- Tenemos que conseguir una ley de parejas de hecho, en la que se incluya obviamente la posibilidad de adoptar hijos. La ley del matrimonio ha sido extraordinaria y ha colocado a este país en la vanguardia, pero no se nos tiene que obligar a utilizar la vía matrimonial para legalizar una situación. Por otro lado, es necesario que el tema de la sexualidad entre en la enseñanza, que incluya no sólo la heterosexualidad, sino también la existencia del lesbianismo y la homosexualidad masculina.


- ¿Se sienten discriminadas?
- Doblemente, tanto a nivel social como legal. Mientras no se pueda recurrir a una ley de parejas de hecho, habrá discriminación. En la vida cotidiana quizá este rechazo no sea tan visible, pero va haciendo mella. Tenemos que ser más valientes de lo que somos, hacer un esfuerzo para conseguir una mayor visibilidad en la sociedad, y estas jornadas van a constituir un fuerte empujón.


- ¿La realidad de la homosexualidad masculina es diferente?
- Sí, por un lado la situación económica de un hombre es mejor que la de una mujer. Por otro lado, ellos empezaron antes y se les considera seres sexuales. En torno a la mujer existe la idea generalizada de la ternura, el cariño, las caricias como algo inherente a ella. Así, cuando dos chicas van por la calle agarradas de la mano, poca gente piensa que se trata de dos lesbianas. Esto, a la larga, no es nada bueno porque se niega su existencia. De ahí la importancia de visibilizarnos cada vez más.


- ¿Existe una doble discriminación, por ser mujer y por ser lesbiana?
- Al principio del movimiento feminista hablábamos de doble, triple discriminación en función del factor al que nos acogiéramos, pero en realidad esas opresiones se dan en una misma persona, y se le identifica con cualquier elemento que constituye su personalidad.


- ¿Se puede hablar entonces de los intereses de la mujer en su conjunto?
- Por supuesto. La cuestión es quién decide cuáles son los intereses de las mujeres. Los grupos de feministas lesbianas creemos que nuestros intereses son equis y puede que no correspondan con los del resto. Por ello resulta vital estar muy en contacto con la gente, para conocer sus preocupaciones e intereses.


- ¿Ha cambiado la esencia del feminismo con los años?
- Existen diversas corrientes de pensamiento feminista. Desde el punto de vista de movilización, no es el mismo de la década de los 80 en la que el movimiento feminista era capaz de congregar muchos apoyos para sus reivindicaciones, como la despenalizacion del aborto, el divorcio o la igualdad salarial. Buena parte de esas reivindicaciones se han conseguido, aunque queda por hacer y la lucha organizada de las mujeres sigue teniendo validez. Además, ay divergencias entre las maneras de las diversas corrientes feministas para acceder a esa situación de libertad.


- Entre ellas, la del movimiento Otras voces feministas que lidera...
- Sí, porque estábamos cansadas del feminismo oficial, es decir, de esa corriente en la que se ha ido basando el gobierno de Zapatero para las propuestas legislativas que ha ido emprendiendo. Se ha hecho un feminismo más bien vengativo y luchamos por recuperar el espíritu del viejo feminismo. Se trata de facilitar el que podamos cambiar.


- ¿Los papeles sociales están muy marcados hoy en día?
- Hemos avanzado muchísimo, nos hemos introducido en el mundo del trabajo, la enseñanza, la política...pero queda camino por recorrer. Todavía los hombres no se han incorporado a las tareas domésticas y se nos obliga a ser unas superwoman.

2007/06/26

> Erreportajea: Ekainak 28 > DE "PELIGROSOS SOCIALES" A PADRES ADOPTIVOS

  • De "peligrosos sociales" a padres adoptivos
  • Hoy se cumplen 30 años de la primera marcha del Orgullo Gay en España, tres décadas en las que el país ha pasado de perseguir a los homosexuales a convertirse en un referente mundial de libertades
  • Diario ADN, 2007-06-26 # Meritxell Mir · Barcelona

“De ser escoria, invertidos sexuales, depravados, perversores de menores y enfermos mentales hemos pasado a ser ciudadanos de primera para tener los mismos derechos que cualquier otra persona”, reflexiona Armand Fluvià, uno de los padres del movimiento homosexual en España.


El inicio de ese cambio se produjo hace 30 años en Barcelona. El 26 de junio de 1977 unas 5.000 personas salieron a la calle en Barcelona para reivindicar los derechos de gays, lesbianas y transexuales. Como ocurre en la actualidad, la manifestación tuvo un carácter festivo, aunque primaron las demandas de exigencia e igualdad. Había pancartas en las que se leía “Mi cuerpo es mío y hago con el lo que me da la gana” y se oían gritos de “¡Amnistía sexual!” y “¡No somos peligrosos!”.

La primera marcha por el Orgullo Gay no duró demasiado, pero fue una muestra de valentía.


“A mitad de Las Ramblas nos esperaba un contingente enorme de grises, un cordón policial brutal”, recuerda Empar Pineda, lesbiana e histórica activista feminista. “Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, empezaron a dar porrazos”.


Para las fuerzas del orden franquista, los que allí desfilaban estaban a la altura de delincuentes y maleantes. Homosexuales, travestidos y transexuales estaban incluidos en la Ley de Peligrosidad Social, que entre 1977 y 1979 (año en que fue derogada) sirvió para condenar a unos 1.000 pervertidos. Como muestra del humanismo del régimen, los presos gays eran trasladados a las cárceles de Badajoz o Huelva donde les sometían a un tratamiento con el que se pretendía curarles cambiando su orientación sexual.

Solidaridad
Aquel 26 de junio hubo decenas de contusionados y un detenido, Carles Martí i Cases. Un heterosexual. Como él, hubo muchos que acudieron para solidarizarse con la causa homosexual. También estuvieron mostrando su apoyo partidos (de izquierda, por supuesto) y sindicatos.


“Era una incógnita quién iba a asistir porque se podía identificar como homosexual a gente que no era”, recuerda Pineda. “La gran sorpresa que nos hizo temblar de emoción fue la cantidad de gente que vino”.


La marcha había sido convocada -y anunciada a bombo y platillo en rueda de prensa- por el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), a pesar de que la organización era ilegal.


“No había miedo porque como creíamos que teníamos el derecho a manifestarnos, lo hicimos”, asegura Fluvià. “Para muchos fue un choque porque nadie había preparado a la sociedad -reflexiona el primer español que reveló su condición de homosexual en televisión- aunque no hubo rechazo ni insultos”.


Según Jordi Petit, presidente honorífico de la Coordinadora de Gais i Lesbianes de Catalunya, los dos grandes hitos de la manifestación de Barcelona fueron la autoaceptación por parte de los propios homosexuales y transexuales y el poner sobre la mesa la realidad y los derechos del colectivo.


Interés de la sociedad

Petit asevera que la sociedad tenía mucho interés por todo aquello que la dictadura había prohibido por lo que fueron tratados con “cariño y mucho respeto”.


Los medios de comunicación también les hicieron mucho caso, aunque durante los primeros años acudían siempre a radios y redacciones acompañados de un médico psiquiatra que certificaba que “no eran enfermos mentales”.


Durante los primeros años del movimiento gay, la prioridad absoluta fue derogar la Ley de Peligrosidad, algo que el FAGC y las otras organizaciones homosexuales que se crearon en el resto de España inspiradas por la entidad catalana no consiguieron hasta 1979.


Pero al alcanzar esa primera victoria, las asociaciones que luchaban por defender la igualdad del colectivo gay y transexual se vaciaron. Y las discotecas de ambiente se llenaron. “¿Pero qué más queréis?”, muchos homosexuales le preguntaban a Petit, destacado miembro del FAGC en los ochenta.


El drama del sida

Con la llegada de la libertad, apareció el VIH que hizo una auténtica escabechina. “El sida marcó el final de una generación del movimiento porque obligó a replantearlo todo”, se lamenta Petit. Durante años las asociaciones de gays, lesbianas y transexuales tuvieron que dedicar todos sus esfuerzos a combatir el virus y concienciar a la gente del uso del preservativo. Era más importante salvar vidas que reivindicar derechos.


Desde mediados de los noventa, han sido numerosos los personajes públicos que han salido del armario, muchos de ellos en las páginas de la revista Zero. José María Mendiluce, Jesús Vázquez, Jorge Cadaval, Eusebio Poncela, Alejandro Amenábar no han dudado en decir a los cuatro vientos: “Sí, soy gay, y qué pasa?”


Leyes progresistas

Y cada vez pasa menos. Hoy, 30 años después de aquella primera marcha del orgullo gay, las leyes no sólo no les consideran enfermos, sino que les dan la posibilidad de adoptar hijos, casarse e incluso modificar su identidad oficialmente sin necesidad de someterse a operaciones de cambio de sexo. "Somos un referente en libertad sexual", afirma Fluvià.


Sin embargo, “igualdad legal no equivale a igualdad social”, advierte. Las leyes les amparan y les ponen de tú a tú con el resto de ciudadanos, pero no todo el mundo está dispuesto a aceptarles como a uno más.


“La lucha de ahora es contra la homofobia”. Petit, Fluvià y Pineda no tienen ninguna duda. Tampoco sobre su remedio: la educación en las escuelas y en los medios de comunicación.


Para gays, lesbianas y transexuales, la situación ideal llegará el día en que ya no se hable de ellos por su condición sexual. Pero mientras tanto, seguirán al pie del cañón reivindicando igualdad y respeto.


“Hasta que ser homosexual no sea como ser vegetariano, habrá que luchar”, concluye Fluvià.