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2007/07/12

> Iritzia: Diana Maffia > LA IMPOSIBLE REFERENCIA

  • La imposible referencia
  • Cotidiano Mujer, 2007-07-12 # Diana Maffía · Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género Universidad de Buenos Aires

En lo que sigue me propongo reflexionar sobre las políticas de género que dependen del nombrar, tanto en privado para reconocerse como miembro de una comunidad con la que se comparten rasgos relevantes, como en lo público al atribuir a un sujeto la afiliación a cierta identidad, en base al cumplimiento de una regla. También me gustaría poner de relieve el difícil intento de conciliar el respeto por la diversidad de identidades (sexuales y otras) y a la vez mantener la capacidad de acción colectiva que muchas veces requiere la construcción de ciudadanía de grupos vulnerables.


El propio movimiento feminista transitó el proyecto de hegemonizar una definición de lo femenino que fuera universalizable y permitiera a las dirigentes hablar en nombre de todas las mujeres, lo que daba gran potencia política al movimiento; y fueron las propias mujeres las que renegaron de ser dichas por otras en su experiencia diversa.


El problema es más hondo que la arrogancia de un grupo de pretender representar a todxs. El problema es que afiliarnos a una identidad (sexual u otra) no es algo completamente necesario que nos determine, ni algo completamente arbitrario que sólo dependa de nuestra decisión libre. No es algo que sólo decidimos en privado, pero hay mucho en juego de nuestra subjetividad y de nuestra valoración como para que sólo dependa del reconocimiento de los otros. Y todavía más profundamente, el problema no es sólo cómo percibirnos sino también cómo decirnos quiénes somos, cómo nombrarnos.


Y es que como seres humanos vivimos atrapadxs entre la singularidad de la existencia y la universalidad del lenguaje. Cualquiera sea el modo en que el lenguaje nos refiera, siempre lo hará bajo la forma de condiciones universales que pueden ser o no cumplidas por nosotrxs, pero que nunca agotarán la descripción lo suficiente como para alcanzarnos en toda nuestra complejidad. Podremos decir que somos varones o mujeres o travestis o transgénero o blancxs o negrxs o indígenas o pobres o ricxs o prostitutxs o monjas o chamanxs o científicxs o jóvenes o viejxs o bellxs, pero siempre habrá algo más que no está dicho. La única excepción es nuestro nombre propio, o los demostrativos, que parecen abarcarnos íntegramente pero que sólo apuntan hacia nosotrxs sin decir nada acerca de quiénes somos. O nos presentamos desnudxs bajo un nombre, o percibimos los innumerables ropajes de palabras pero no llegamos a tocarnos nosotrxs mismxs bajo ellas.


Este tema puede parecer muy abstracto, pero se une al hecho de que cada grupo al constituirse, sobre todo al constituirse como sujeto político, genera una identidad y al mismo tiempo una alteridad; y como criterio de demarcación entre el nosotrxs y el ellxs genera una regla. No cumplir con la regla de la identidad significa ser expulsado al espacio de lo otro, de la desviación. Fuera del orden del sujeto sólo está lo abyecto, lo que yace fuera. Muchas veces, en nuestras luchas por la identidad de género, procedemos con reglas que ponen límites y expulsan para separar lo que somos de lo que no somos.


Durante siglos, la definición del sujeto relevante fue un resorte de poder del círculo androcéntrico. Reforzándose mutuamente, los criterios de pertenencia ponían las condiciones normativas del sujeto moral (teología), el sujeto epistémico (ciencia) y el sujeto de ciudadanía (derecho). Ningunx de lxs expulsadxs por esta normativa participaba en la definición de las reglas. Lxs negrxs, lxs indígenas y las mujeres estaban explícitamente expulsados de esta posibilidad de participación. Al resultado lo llamaron objetividad, y se negaron a admitir que los aspectos subjetivos contaminaran la universalidad de sus prescripciones. La democracia liberal pudo así mantener a la vez la retórica universal de los derechos ciudadanos y la expulsión de la mayoría en el ejercicio efectivo de tales derechos. A diferencia de la objetividad, lo subjetivo en la modernidad entraba en el orden de lo peligroso, lo que debía dominarse por idiosincrático y pasional.


La sexualidad hegemónica pretendía apoyar su fuerza normativa en los principios lógicos de identidad (un varón es un varón; una mujer es una mujer) no contradicción (un varón es no-mujer; una mujer es no-varón) y tercero excluido (se es varón o mujer, no hay tercera posibilidad). Estos principios, señalados por Aristóteles hace 2500 años, eran a la vez principios lógicos (del orden del pensamiento) y ontológicos (del orden de la realidad). Pero la aplicación de la lógica a la sexualidad humana, el refuerzo de la dicotomía de los cuerpos, es arbitraria al hacer equivaler mujer a no-varón y varón a no-mujer. La designación de un sujeto como varón o mujer depende de los rasgos que tomemos como definitorios, y esto no lo proporciona la lógica.


Es precisamente por eso que me resulta inquietante cuando en nuestros movimientos pretendidamente emancipatorios repetimos esta trampa semántica de producir exigencias para la pertenencia a un colectivo que ignore o niegue la participación de quienes quedan excluidos de la definición. Una definición autocompla-ciente, que nos permite quedarnos con la universalidad retórica del lenguaje sin distribuir equitativamente las oportunidades sociales. Se definen arbitrariamente las reglas para participar del club, a la medida de quienes precisamente son responsables de su definición, y luego se invoca la necesidad de las reglas para expulsar a quienes no encajan en la presunta objetividad de su aplicación.


Para completar este efecto policial del lenguaje hegemónico, la alteridad no se considerará meramente otra categoría: la desviación, la abyección, se considerarán cualidades ontológicas, modos de ser de los sujetos excluídxs (lo que de paso justifica su exclusión). Y se recomendará exorcizarlxs, redimirlxs, perseguirlxs, encerrarlxs, penalizarlxs, someterlxs a terapias cruentas por su propio bien. Un bien en cuya definición tampoco participan. Porque (dirá el sujeto androcéntrico) nadie mejor que nosotros -que manejamos la ciencia, la teología y el derecho- sabe lo que necesitan ellxs. Lxs tendremos entonces bajo tutela hasta que escarmienten o reconozcan la verdadera identidad humana, o al menos la imiten, para evitarnos la permanente interpelación a nuestra mascarada de sustituir el universal diverso de la experiencia humana por el universal hegemónico de nuestra reducida experiencia.


Todxs deberíamos poder tener con respecto a nuestro cuerpo la particular y excepcional experiencia del cuerpo vivido, del cuerpo que nos ubica en una perspectiva absolutamente única y singular en el mundo, o mejor dicho construye el mundo a nuestro alrededor. El cuerpo de lxs otrxs es sólo un cuerpo físico, no podemos experimentarlo, es un cuerpo en tercera persona. Sólo cada unx puede tener una vivencia en primera persona de su propio cuerpo, experimentarlo como unx mismx. Esto abre un abismo entre un cuerpo y otro, abismo que tratamos de suturar con el lenguaje. Decir lo que sentimos y experimentamos, escuchar sensiblemente lo que otrxs sienten y experimentan, establecer una analogía entre mis propias experiencias y el modo de decirlas, y lo que escucho decir de las experiencias del/a otrx, son los primeros pasos en la construcción no sólo de una comunidad sino también de un mundo compartido (que puede ser visto de muchas maneras, desde muchas perspectivas singulares, y sin embargo seguir siendo un mundo común).


Cuando algunxs sujetxs se encuentran en una situación de opresión, de violencia simbólica, carecen de autoridad perceptiva sobre sus propias experiencias y adoptan sobre ellas las descripciones en tercera persona de la cultura dominante. Aceptan definirse no como el singular sujeto que son, sino como un sujeto desviado. La violencia opera como un descentramiento de la propia experiencia. De los seres humanos sexualmente monstruosos se ocupó la teratología, de la sexualidad humana la ginecología y la obstetricia, del deseo el psicoanálisis y la psiquiatría, transformando el vínculo con los cuerpos en un vínculo mediado por el lenguaje médico y custodiado por el derecho. Así, muchxs nos vinculamos con nuestros cuerpos como cuerpos imperfectos, como cuerpos fuera de patrón, como cuerpos que sufrimos en lugar de ser y que sin embargo se rebelan y no consiguen encajar en el deber. Entonces nos dejamos rotular como desviados. La desviación, lejos de ser una cualidad ontológica que rige la naturaleza y el comportamiento de las personas, es el efecto de una interacción simbólica, el efecto de un etiquetamiento.


Los procesos de definición y de reacción social son en general acompañados por una desigual distribución del poder, tanto el poder de definir como el de reaccionar a la definición. A algunxs sujetxs sólo les queda ser rotuladxs y vivir la marginalidad del etiquetamiento. La ciencia, el derecho, la teología en un contexto de relaciones sociales de inequidad y conflicto, se transforman en el corset de las identidades. Las dimensiones de la definición y el poder se desarrollan en el mismo nivel y se condicionan entre sí.


Esta no es una escala simple, muy por el contrario, porque cada sujeto pertenece a géneros, clases, edades y etnias diferentes que pueden combinarse unas con otras de diversas formas. Tanto los grupos aventajados como los desventajados se fragmentan, y así podemos pertenecer a la vez a varios colectivos. Si logramos una noción sobre el género subjetivo mucho más flexible, que no esté establecida por factores biológicos, psicológicos o sociales ligados al cuerpo, habremos logrado un avance simbólico significativo pero nos enfrentaremos entonces al dilema práctico del reconocimiento. Y ese dilema práctico tiene que ver con la capacidad de actuar colectivamente por reivindicaciones en común.


En los años recientes del activismo queer, al igual que el feminismo en décadas pasadas, hemos visto fragmentarse las reglas de pertenencia y las demandas de reconocimiento de identidades que cada vez van adquiriendo el poder de decirse a sí mismas en sus propios términos, pero también usan el poder de excluir como otrxs a quienes no cumplen las reglas de admisión en sus colectivos. La capacidad de agencia común, de lucha conjunta en una sociedad todavía hostil con las diversas manifestaciones de una sexualidad que continúa siendo peligrosa, se pone así en riesgo. Pasamos de sujetxs a desatadxs, desatadxs del ancla de la corporalidad como fundamento biológico de la diferencia, pero entonces también del fácil reconocimiento y la adscripción a una identidad sexual.


Cuando en 1998 comencé mi función como Defensora del Pueblo en la Ciudad de Buenos Aires, en el área de Derechos Humanos y Equidad de Género, el movimiento gay-lésbico de reivindicación de derechos había logrado incluir la no discriminación por sexualidad en la Constitución de la Ciudad, así como avances significativos en la consideración social. Cuando dejé la función, en diciembre de 2003, el movimiento GL se había transformado en gay, lésbico, travesti, transexual, bisexual, intersexual y transgénero (GLTTBIT). Estoy segura que hoy se incorporan otras categorías, así como se hacen distinciones dentro de cada una de ellas (travestis que no se implantan siliconas para modificar su cuerpo, frente a las que sí lo hacen; lesbianas que se masculinizan en su expresión de género, frente a las que no lo hacen, etc.). Cada una de estas expresiones nace como un grito de libertad, la libertad de decirse a sí mismx en lugar de ser dichx, la libertad de adquirir autoridad sobre el propio cuerpo, y la singular experiencia desde el cuerpo de un mundo que nos pertenece por igual, y desde allí la demanda política de inclusión ciudadana.


Pero esa fragmentación también nos desafía para actuar juntxs. Quizás el pánico de retroceder como movimiento nos enfrenta hoy con la paradoja de que en el feminismo se discuta si se aceptarán o no travestis y personas trans que se definan como mujeres para participar en los Encuentros Feministas. Como si alguien en el feminismo tuviera la regla falométrica de los cuerpos o las subjetividades aceptables; o lo que es peor, como si fuera deseable tenerla. La discusión retrocede hacia el más crudo biologicismo, el que nos dijo a las feministas cómo ser mujeres y del que tantos sufrimientos y sujeciones derivaron. Quizás se exija un tacto vaginal para pertenecer al movimiento feminista, o quizás un análisis de cromosomas, porque ¿dónde reside la “verdad” sobre los sexos y los géneros?


La verdad no es sólo una relación entre el lenguaje y el mundo. Un enunciado no es verdadero sólo por virtud del modo en que refleja un estado de cosas. La verdad, como el lenguaje, dependen de los frágiles sujetos que intentamos tocar la realidad sin poder acaso salir de nuestras mentes. Alcanzar al otro, a la otra, a lxs otrxs en cuyas experiencias no podemos intervenir, con cuyos cuerpos sólo podemos tener la externalidad de cualquier otro objeto del universo, pero con quien desesperadamente intentamos comunicarnos. Admitir que lo que otrxs y otrxs perciben y construyen con sus interpretaciones sobre nosotrxs también es una parte de nuestra identidad. Una parte, además, a la que sólo tendremos acceso si nos abrimos a ellxs en una comunicación humana de mutua comprensión.


De otro modo, cuando la inadecuación entre las condiciones de aplicación del concepto y el cuerpo se considera un problema del cuerpo, se lo aparta, se lo margina, se lo excluye de la condición de ciudadanía, se lo enajena de la posibilidad de ejercicio de sus derechos. Para contrarrestar esta abyección debemos romper ese etiquetamiento y ese círculo de justificaciones de la subjetividad hegemónica. La opresión no es sólo una cuestión de género, pero no podemos omitir la consideración del género de cualquier movimiento emancipatorio. Si al construir este movimiento repetimos el ritual de la exclusión, creo que hemos aprendido muy poco.


Porque el otro, la otra, lxs otrxs y quizás cada unx de nosotrxs mismxs por virtud del inconciente, somos ese abismo insondable de lo que nunca terminamos de conocer, de lo que nunca concluye por definirse, aquello que no revela su fondo y no puede encerrarse en palabras, la imposible referencia, lo que no tiene nombre.


(1) Una versión preliminar de esta ponencia fue presentada con el título “Lo que no tiene nombre” en la mesa sobre “Identidades sexo-políticas” del II Encuentro Nacional de Escritor@s “Disidencia sexual e identidades sexuales y genéricas”, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 27 a 29 de octubre de 2005. Esta es una versión abreviada de la que con el actual nombre se presentó en el panel “Multiplicidad de géneros o la ruptura del binarismo” en el Foro de Psicoanálisis y Género: Público y Privado. Género y políticas de la intimidad. Buenos Aires, agosto de 2006.

2007/05/19

> Berria: Kultura > ANDALUCIA: CICLO EN SEVILLA SOBRE "PANTOJISMO, PORNOGRAFIA Y CULTURA GAY"

  • Ciclo en el teatro Central sobre 'pantojismo, pornografía y cultura gay'
  • Terra, 2007-05-19

El Teatro Central ocupará el hueco dejado en su programación por el Ballet Flamenco de Andalucía con un ciclo de lecturas y performances titulado 'Crítica Queer. Narrativa disidentes e invención de subjetividad', del miércoles al viernes, que tratará, entre otros asuntos, el 'pantojismo, la pornografía y los estudios culturales desde una perspectivas homosexual'.


Este ciclo, dentro del programa Arte y pensamiento de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), tendrá como sedes el Rectorado de la Cartuja y el espacio escénico, dándole uso durante la semana que viene, después de que la compañía de Cristina Hoyos suspendiera cinco funciones para actuar el miércoles en el Maestranza.


Este ciclo, que dirige Beatriz Preciado, tendrá tres núcleos de actividades, un seminario sobre 'Proust y los Dioses Queer', el 'Taller de pantojismo. Prácticas performativas de feminidad folclórica' --ambos en la UNIA--, y un programa de conferencias y lecturas-performances, en el Central, según indicaron sus organizadores.


El seminario 'Proust y los Dioses Queer' propone un acceso a las elaboraciones críticas que emergen de los estudios gays, lesbianos y queer utilizando la lectura de la obra 'A la recherche du temps perdu' de Marcel Proust como marco de análisis. Así, se explorará la variedad de modelos históricos de la homosexualidad con los que Proust negocia de manera dinámica, así como las relaciones de visibilidad, ocultamiento, simulación y teatralidad a través de las que se construye el topos 'homosexual' en su escritura.


En cuanto al taller de 'pantojismo', éste ofrece 'sacar un provecho estético a tanto arrebato drama queen'. Así, los organizadores señalaron que el 'pantojismo' 'te permite reconciliarte con tu heroína de culebrón a través de la recreación paródica de lo peor que has hecho, que te hicieron o que en lo más recóndito de tus entrañas deseaste hacer, tomando como fórmula los programas televisivos de despelleje sentimental que juras no ver nunca'.


De otro lado, entre las conferencias programadas, destacan 'Teorías de la literatura: las lecciones de Charlus, Divine y algunos otros...' y '¿Es la 'pluma' un pene metafórico?'.


Ya en el teatro, el miércoles se representará 'Performance Real Pornography', que examinará 'los ciclos del abuso y la dominación que subyacen a las relaciones familiares, la transformación de las metáforas religiosas en lemas políticos y la propagación del pánico, la violencia y la guerra como modos finales de sometimiento de masas'. Se trata de una performance multimedia con improvisación musical y vídeo acentuando el poder físico de la palabra hablada.


El jueves, el Central acogerá la 'Lectura presentación de Teoría King Kong', en la que Virginie Despentes, 'la diva 'destroy punk' de las letras francesas, escritora de novelas en las que las protagonistas ocupan posiciones tradicionalmente reservadas a los hombres (sangre, sexo y rock-and-roll) y de la controvertida y censurada película 'Fóllame' (2000), ofrece un ensayo en primera persona en el que confronta los tabúes del feminismo liberal: la violación, la prostitución y la pornografía'.


El viernes, será la lectura y performance musical 'Perdida en tierra de nadie', de Michelle Tea, que presenta una lectura de su última novela 'Rosa de tierra de nadie', un relato de ficción sobre 'el feminismo barriobajero, la cultura juvenil salvaje, el comportamiento atrevido de la clase obrera, el sexo, drogas y rock and roll'.


A la lectura le seguirá en el Central 'Una noche de Katastrophe', una performance del artista transexual hip-hop Katastrophe, que ejecuta su original obra que combina 'textos agudos y calientes electrorritmos que se deslizan por el género, la política, las habladurías subculturales, el matrimonio gay y muchas otras conjeturas desde la perspectiva de una de las figuras centrales del movimiento queer hip-hop de Estados Unidos'.


La asistencia a las performances y al taller de pantojismo es libre, mientras que el seminario requiere una inscripción en la sede de la UNIA.

2007/03/01

> Erreportajea: Pornografia > NUEVOS DISCURSOS SOBRE LA PORNOGRAFIA

  • Nuevos discursos sobre la pornografía
  • El porno al revés
  • Diagonal, n. 49, 2007-03-01 # Irene G. Rubio

De un tiempo a esta parte han empezado a proliferar, en forma de performances, películas, talleres o páginas web, diferentes prácticas artísticas y políticas que están construyendo un nuevo tipo de discurso sobre el sexo, lo que muchos ya llaman post-pornografía. Hagamos un poquito de historia.


Contra la prohibición, por la producción
Los dulces ‘60 son los años de la liberación sexual. El sexo, ese terreno por explorar, provoca curiosidad; la industria del cine lo sabe y explota esa veta. La pornografía sale del armario: en muchos países, películas softcore se estrenan en salas comerciales y verlas es un acto políticamente atrevido y hasta chic -por estos lares, cientos de ‘progres’ peregrinan a los cines de Perpiñán. Vistas desde la actualidad, muchas películas sorprenderían por su ingenuidad y candor... Algo que rápidamente se abandona para, gracias a la llegada del vídeo casero, dar pie a una industria que produce sexo en cadena.


El auge del porno provoca no pocas controversias. A finales de los ‘70, un sector del feminismo se moviliza contra la pornografía, pues considera que es un elemento central en la opresión de las mujeres (en palabras de Robin Morgan, “la pornografía es la teoría, la violación la práctica”). Mientras organizaciones como Women Against Pornography promueven legislaciones contra la pornografía, se alzan voces críticas contra esta tendencia, a la que acusan de tener una visión conservadora del sexo. Lo que posteriormente se conocerá como feminismo ‘pro-sexo’ desconfía de la capacidad del Estado para ‘proteger’ a las mujeres con leyes restrictivas en materia de sexo y se opone a la censura. Para feministas como Gayle Rubin, en vez de promover medidas represivas, se deberían examinar los aspectos políticos del sexo. Así, aunque se critica el régimen pornográfico dominante- plagado de estereotipos y clichés, en el que la mujer es un objeto pasivo de deseo-, se considera que su lectura está no obstante sujeta a procesos de crítica, resistencia y deconstrucción, y que puede haber otro modo de representar las prácticas sexuales.


Otro porno es posible: Hazlo tú misma
Sin embargo, el vuelco decisivo se producirá cuando se decida pasar a la acción y se comprenda que “el mejor antídoto contra la pornografía no es la censura sino las representaciones alternativas de la sexualidad”, como señalaba hace poco la filósofa Beatriz Preciado en El País. En este paso a la producción tiene un papel fundamental el movimiento queer, que hace del cuerpo y del placer un escenario privilegiado para la acción política. Con sus performances de drag kings y queens -que exponen la artificiosidad de las identidades de sexo y género-, y su filosofía del ‘hazlo tú mismo’ aplicada a la experimentación y la construcción de tecnologías y juguetes sexuales, contribuyen a la creación de una nueva estética feminista, divertida y subversiva. Así, nos encontramos con toda una serie de creaciones que abordan la sexualidad de un modo que se ha dado en llamar post-pornografía. Según la socióloga y activista queer Marie Hélène Bourcier, se trata una serie de discursos que rompen con el régimen hegemónico de representación de la sexualidad. Un movimiento que, aprovechando las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, se pone delante y detrás de la cámara para construir otros imaginarios sexuales.


Ejemplos de estas prácticas hay muchos, pero es inevitable empezar por Annie Sprinkle, una de las primeras en acuñar la expresión postporno y cuyas performances, fotos, películas y talleres son deconstrucciones kitsch de la pornografía. En la fotografía destacan Cindy Sherman, pionera con sus autorretratos sexuales, y el transexual Del LaGrace Volcano, autor de famosos retratos de drag kings y que se define como terrorista del género a tiempo parcial. El terreno de la performance ha sido muy fructífero, con artistas como Ron Athey o los talleres de drag king de Diane Torr, y la literatura nos ha brindado a Virginie Despentes, que conmocionó a muchos con su novela Fóllame (llevada al cine por Catherine Breillat) por su brutal desnaturalización del discurso pornográfico. En el cine, podríamos citar a directoras como Emilie Jouvet o el queercore político de Bruce LaBruce, pero la tecnología digital ha permitido pasar el testigo a muchos anónimos post-pornógrafos.


Post-porno hispano
Esta corriente la integran en la actualidad grupos como las Girlswholikeporno, que realizan vídeos y talleres, o los Post-op, una plataforma de investigación sobre el género y la postpornografía (postporno. blogspot.com), además de eventos como el Festival TranzMarikaBollo (festivalvideotranzmarikabollo. blogspot.com) o el Queeruption (queeruption.org), donde se han mostrado y creado varios vídeos. Por su parte, en Madrid, el colectivo Pornolab (pornolab.org) reivindica la revolución de la imaginación pornográfica y organiza encuentros a la búsqueda y creación de pornotopías con el humor como principal herramienta.


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  • Perfil: Annie Sprinkle
  • Una vida dedicada al arte del sexo
  • Diagonal, n. 49, 2007-03-01 # Irene G. Rubio

Si hay alguien que se ha dedicado con verdadera pasión a la exploración de la pornografía como campo de experimentación política, ésa es Annie Sprinkle. Artista interdisciplinaria (actriz, directora, fotógrafa, ‘performer’...) y educadora sexual, sus espectáculos de porno kitsch feminista demuestran que otra forma de representar la sexualidad es posible. Os proponemos algunas claves de su trabajo. Os damos algunas pistas para sumergiros en su trabajo.


El sexo es positivo. Nacida como Ellen Steinberg, con 18 años comienza a trabajar en la prostitución, un oficio que practicará de forma intermitente durante 20 años. En 1973 se traslada a Nueva York y se introduce en la industria del porno, donde primero trabaja como asistente de rodaje y luego como actriz, protagonizando decenas de películas. Tras convertirse en toda una estrella del género, decide pasarse al otro lado de la cámara y en 1982 dirige Deep Inside Annie Sprinkle, una película muy innovadora que va a marcar el inicio de una senda de experimentación y relectura del porno. En el filme, Annie se dirige al espectador hablando directamente a la cámara, y le hace partícipe de su biografía mostrando fotografías de su infancia y adolescencia. Esta ruptura de barreras entre lo público y lo privado será una constante en sus trabajos posteriores, que hacen una lectura política a partir de la propia experiencia. Deep Inside... pone el placer femenino en el centro y cuestiona varios mitos sobre la sexualidad femenina -y masculina-. Sprinkle también es un referente para el feminismo pro-sexo, con su lucha contra la censura y su defensa de los derechos de las prostitutas, como miembro de Prostitutas de Nueva York (PONY).


El sexo es arte. 1978 es un año importante para Annie, porque conoce a William DeRidder, que le enseña sobre performance y arte conceptual. Empieza a trabajar como performer en clubs de striptease, con espectáculos transgresores que deconstruyen la sexualidad. En 1985, un proyecto de la Universidad de Nueva York le invita a representar su show burlesco Nurse Sprinkle’s Sex Education; a partir de aquí, Annie se dedica por entero al mundo del arte y de la performance.


El sexo es sano. Sprinkle también ha destacado por su interés en cuestiones de salud sexual; de hecho, en 2002 obtuvo el doctorado por el Institute for Advanced Study of Human Sexuality de San Francisco. Su compromiso data de los años ‘80, cuando varios compañeros de profesión, entre ellos su amante, comienzan a infectarse y morir de sida. Annie toma cartas en el asunto y lucha para promover el sexo seguro y el uso de condones en la industria del sexo, unas reivindicaciones que caen en saco roto y provocan su distanciamiento del porno mainstream. Además de las performances, Annie ha dedicado estos años a diferentes aspectos educativos del sexo, dando talleres sobre sexualidad, relajación, exploración, tantra, etc., con la firme creencia- un tanto new age- en los poderes curativos y sanadores del sexo.


El sexo es múltiple. Sprinkle también desarrolla el concepto de ‘metamorfosexo’: es decir, frente a una identidad sexual ‘natural’, permanente y escindida en dos opciones excluyentes, defiende una visión de la sexualidad como práctica cambiante y mutante, en el que las preferencias varían y pueden ser muy diversas. De hecho, habla con naturalidad de sus experiencias con amantes transexuales F2M (female to male, de mujer a hombre).


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  • Girls who like porno
  • Deseos que desbordan el porno convencional
  • Diagonal, n. 49, 2007-03-01 # Irene G. Rubio

Girls who like porno (GWLP) es un proyecto que surge en Barcelona en 2002 de la mano de Águeda Bañón y María Llopis. Su objetivo pasa por “ofrecer una visión del porno y de la sexualidad propia, cuestionando y subvirtiendo la construcción de identidades, de fantasías y de sexualidades y reivindicando la creación de otra pornografía hecha por nosotras mismas”. Gestionan un blog (girlswholikeporno. org) donde se puede acceder a sus creaciones bajo una licencia Creative Commons, y sus actividades se reparten entre la grabación de vídeos, sesiones de VJ pinchando imágenes y la realización de talleres de pornografía y feminismo.


Estos últimos combinan la reflexión teórica sobre el porno con la creación de material porno hazlo-túmisma. GWLP parte de una crítica a la industria pornográfica, “una industria tradicionalmente llena de jerarquías en las que los hombres tienen el poder, ellos están detrás de las cámaras y delante están las mujeres”, para contraatacar con una subversión de la imagen de la sexualidad de las mujeres que se plasma en sus vídeos, con títulos como El striptease de mi abuela, Viva la menstruación o Me aburren los besos. En todo este mare mágnum de nuevos discursos y concepciones sobre el porno, GWLP se posicionan contra dos etiquetas. Una, la que clasifica el porno según las opciones sexuales: para heteros, para gays, lesbianas, trans... Según declaran en su manifiesto, “nosotras no podemos clasificar nuestra sexualidad dentro de ninguna de estas etiquetas, y como nosotras más y más gente, que ni quiere, ni puede”. Y otra, la que habla de un porno para mujeres: “Esta etiqueta suele identificarse con los valores que son supuestamente femeninos: dulzura, cariño, música melosa, suavidad”.


“Creemos que es un error identificar dulzura con feminidad y consecuentemente con mujer. Es esa categoría lo que resulta un insulto. ¿Por qué como mujer tiene que gustarme lo dulce?”. La apuesta es, en definitiva, por una lucha política queer y una búsqueda de nuevas sexualidades y formas de representarlas.


‘Performances’ famosas
Deep Inside Porn Stars: en 1984 el grupo de arte feminista Carnival Knowledge entra en contacto con Sprinkle para que participe en una serie de performances. La actuación lleva a escena las reuniones en casa de Annie de un grupo de actrices porno, en las que discutían sus problemas, sus carreras, sus inquietudes. En esta réplica de sus encuentros se rompen las separaciones entre público y privado y las mujeres muestran las múltiples facetas de sus vidas, más allá de su profesión.


Post-Porn Modernist: Un espectáculo deconstructivo y con mucho humor, en el que Annie hace un recorrido por las diferentes etapas de su vida en la industria del porno. El show incluye una de las escenas más comentadas, la Public Cervix Announcement, en la que invita al público a mirar su útero con la ayuda de un espéculo.


Annie Sprinkle’s Herstory of Porn: Otra relectura de su trayectoria que incluye extractos de sus trabajos desde sus comienzos como estrella porno a sus incursiones en el mundo del arte.


Love Art Lab: En 2005 Sprinkle inicia este proyecto de siete años de duración junto con su pareja Elizabeth Stephens, en el que investigan la sexualidad y el amor. Es un trabajo multidisciplinar que incluye conferencias, talleres, actuaciones, visuales, activismo... y una boda-performance por año. Fue concebido como una respuesta al clima desatado con la guerra en Iraq y el movimiento contra las bodas homosexuales en EE UU.

2007/01/14

> Iritzia: Gilswholikeporno > QUERIDA BEATRIZ...


Querida Beatriz,


acabo de leer tu artículo “Mujeres en los márgenes”, publicado en Babelia, suplemento de El Pais del 13 de enero de 2007. Y me he quedado con la boca abierta:


“Entre los continuadores de este movimiento (La disidencia sexual, el nuevo feminismo y el posporno) en España estarían grupos artísticos y políticos como Las Orgia (Valencia) o Corpus Deleicti (Barcelona).”


Yo respeto muchísimo tu trabajo, pero la realidad de esta ciudad es otra: Mambo, Girlswholikeporno, Post Op, eventos como Queeruption o el FestivalTranzMarikaBollo y todas las mujeres que estamos trabajando en los márgenes, que somos muchas.


La realidad de Barcelona es Mambo, una centro social feminista que se okupó a principios del 2006 y que por cierto acaba de ser desalojada, la semana pasada. Pero Mambo continua, ya encontraremos nuevos espacios. Mambo: Momento Autónomo de Mujeres y Bolleras Osadas. Este grupo de mujeres y lesbianas lleva un año peleando en el Raval, haciendo trabajos de fontanería, de electricidad, desescombrando y limpiando, que aun hay gente que se cree que okupar es que te den unas llaves y tu entras y le das al interruptor de la luz y a vivir sin pagar impuestos que son dos días. En Mambo se han hecho este año talleres de idiomas, de soldadura, de teoría feminista, de cine y crítica feminista, de pornografía y feminismo… Se han reunido semanalmente grupos de wen-do (autodefensa feminista), Les Atakas (acción directa feminista lésbica), el Bloc d’Acció Ovàrica (Grupo de reflexión feminista). Se han hecho tantas cosas. Hemos hecho tantas cosas.


Yo me llamo Maria Llopis. Junto con Águeda Bañón tenemos un grupo que se llama Girlswholikeporno. Nosotras hemos hecho uno de los talleres de Mambo este año, el de pornografía y feminismo. Cada jueves, de marzo a junio del 2006. Gracias a todo este trabajo se ha formado una red de mujeres que hacen su propio porno: Go Fist Foundation, Alogono, Ex-Dones o las PostOp, que son las otras grandes ausentes de tu artículo Beatriz. Como las organizadoras del Festival TranzmarikaBollo, dónde están ellas?


La realidad de esta ciudad es Girlswholikeporno. Llevamos años haciendo videos, shows audiovisuales y performances. Este año (y también en 2005) hemos estado haciendo talleres sobre pornografía y feminismo. Hemos hecho 5. En Valencia, en Barcelona y en Berlin. Algunos de 2 horas de duración, otros de una semana y otros, como el de Mambo, que han durado meses. Hemos presentado los videos y las conclusiones de estos talleres en el Porn Film Festival de Berlin, en el Postpornpolitics Symposium, también en Berlin, en el Santa Mónica, en Barcelona, en Feministaldia, en Donosti.


La realidad de esta ciudad es Queeruption 2005, donde trabajamos con uñas y dientes para crear un espacio queer, feminista y pospornográfico en Barcelona.


Yo no tengo nada contra Corpus Deleicti, el grupo que colocas como estandarte del posporno barcelonés. Conozco a uno de sus miembros, Alex, y me parece una persona estupenda, inteligente y muy activa. Pero que toda la referencia que das en tu artículo sobre el movimiento post porno feminista sea a un grupo que básicamente es Alex Brahim, un hombre, me da ganas de llorar. Con todo el trabajo que tantas mujeres están haciendo en esta ciudad Beatriz… y todas las referencias son para un comisario de Barcelona. Él mismo, estoy segura, coincidiría conmigo en que es injusto.


Y tampoco tengo nada contra Las Orgia, pero ni siquiera se si están todavía activas, yo veo videos suyos de vez en cuando en festivales, pero eso es todo… La realidad de este país es otra. Me fustra muchísimo cuando se publican cosas en los periódicos que no son verdad, porque la gente los lee, y parece que esa es la única realidad que existe a la larga. Cualquiera que viva en esta ciudad, y que se interese por la pospornografía feminista, sabe que la realidad de esta ciudad es otra. Es como si alguien hablara de porno y feminismo en Francia en los últimos años y no citara a Virginie Despentes.


La realidad de esta ciudad somos Mambo, Girlswholikeporno, Post Op y todas las mujeres que estamos trabajando en los márgenes. Y somos muchas, y queremos que nuestro nombre se escriba y se publique, y nuestro trabajo se reconozca y tú eres la persona que ha de hacerlo. No quiero que pase lo de siempre, que el trabajo de las mujeres se borre y que en los libros de historia quede el nombre de Alex Brahim como el representante del nuevo porno feminista en Barcelona. Y no quiero quitarle la importancia a Alex, pero por favor, por favor, por favor, llevo años dejándome la piel, los ahorros, horas de sueño, mi vida! con Girlswholikeporno y con Mambo y todo el trabajo que hemos hecho ha dado frutos y muchos y están on line.


Beatriz, Beatriz, tú que eres tan sabia, no te olvides de la última generación. Tengo 31 años, tengo mucha fuerza física y me gusta jugar con ella fuera y dentro de la cama, no soy ni lesbiana ni hetero, yo creo en el movimiento queer como mi abuela creía en Dios, no creo en la feminidad, como Virginie comenta tan acertadamente en el artículo vecino al tuyo en el periódico que tengo frente a mí. No creo en que sea posible un “porno para mujeres”, porque esa etiqueta se está usando para hablar de un porno lleno de “feminidad”, es decir, música romántica, polvos suaves y cariñosos, historias con argumento. Erika Lust es un buen ejemplo en Barcelona, y no estoy diciendo que no me guste su trabajo, al contrario, lo que no me gusta es la etiqueta. No creo que IKU de Shue Lea Sheang sea una película feminista, como comentas en tu artículo. Es una película porno transgresora formalmente, pero no deja de ser la clásica película porno llena de nenas monas haciendo “ay, ay” mientras se las follan. Eso sí con unos efectos especiales alucinantes. Y de nuevo todos mis respetos para Shue Lea, pero creo también que ella misma coincidiría en esta afirmación, su transgresión es formal, pero si estuviera dirigida por un hombre a nadie se le ocurriría decir que es una peli feminista.


No nos dejes solas Beatriz, no las dejes solas. Tú eres muy importante para nosotras.

2007/01/13

> Erreportajea: Feminismoa > MUJERES EN LOS MARGENES

  • Después del feminismo
  • Mujeres en los márgenes
  • El País, 2007-01-13 # Beatriz Preciado


En los últimos años han surgido una serie de autoras que sostienen que el objetivo del nuevo feminismo debe ir más allá de conseguir la igualdad legal de la mujer blanca, occidental, heterosexual y de clase media. Para ellas, se trata de atender a mujeres tradicionalmente dejadas al margen y de combatir las causas que producen las diferencias de clase, raza y género.


Mientras la retórica de la violencia de género infiltra los medios de comunicación invitándonos a seguir imaginando el feminismo como un discurso político articulado en torno a la oposición dialéctica entre los hombres (del lado de la dominación) y las mujeres (del lado de las víctimas), el feminismo contemporáneo, sin duda uno de los dominios teóricos y prácticos sometidos a mayor transformación y crítica reflexiva desde los años setenta, no deja de inventar imaginarios políticos y de crear estrategias de acción que ponen en cuestión aquello que parece más obvio: que el sujeto político del feminismo sean las mujeres. Es decir, las mujeres entendidas como una realidad biológica predefinida, pero, sobre todo, las mujeres como deben ser, blancas, heterosexuales, sumisas y de clase media. Emergen de este cuestionamiento nuevos feminismos de multitudes, feminismos para los monstruos, proyectos de transformación colectiva para el siglo XXI.


Estos feminismos disidentes se hacen visibles a partir de los años ochenta cuando, en sucesivas oleadas críticas, los sujetos excluidos por el feminismo biempensante comienzan a criticar los procesos de purificación y la represión de sus proyectos revolucionarios que han conducido hasta un feminismo gris, normativo y puritano que ve en las diferencias culturales, sexuales o políticas amenazas a su ideal heterosexual y eurocéntrico de mujer. Se trata de lo que podríamos llamar con la lúcida expresión de Virginie Despentes el despertar crítico del "proletariado del feminismo", cuyos malos sujetos son las putas, las lesbianas, las violadas, las marimachos, los y las transexuales, las mujeres que no son blancas, las musulmanas... en definitiva, casi todos nosotros.


Esta transformación del feminismo se llevará a cabo a través de sucesivos descentramientos del sujeto mujer que de manera transversal y simultánea cuestionarán el carácter natural y universal de la condición femenina. El primero de estos desplazamientos vendrá de la mano de teóricos gays y teóricas lesbianas como Michel Foucault, Monique Wittig, Michael Warner o Adrienne Rich que definirán la heterosexualidad como un régimen político y un dispositivo de control que produce la diferencia entre los hombres y las mujeres, y transforma la resistencia a la normalización en patología. Judith Butler y Judith Halberstam insistirán en los procesos de significación cultural y de estilización del cuerpo a través de los que se normalizan las diferencias entre los géneros, mientras que Donna Haraway y Anne Fausto-Sterling pondrán en cuestión la existencia de dos sexos como realidades biológicas independientemente de los procesos científico-técnicos de construcción de la representación. Por otra parte, junto con los procesos de emancipación de los negros en Estados Unidos y de descolonización del llamado Tercer Mundo, se alzarán las voces de crítica de los presupuestos racistas del feminismo blanco y colonial. De la mano de Angela Davis, bell hooks, Gloria Anzaldua o Gayatri Spivak se harán visibles los proyectos del feminismo negro, poscolonial, musulmán o de la diáspora que obligará a pensar el género en su relación constitutiva con las diferencias geopolíticas de raza, de clase, de migración y de tráfico humano.


Uno de los desplazamientos más productivos surgirá precisamente de aquellos ámbitos que se habían pensado hasta ahora como bajos fondos de la victimización femenina y de los que el feminismo no esperaba o no quería esperar un discurso crítico. Se trata de las trabajadoras sexuales, las actrices porno y los insumisos sexuales. Buena parte de este movimiento se estructura discursiva y políticamente en torno a los debates del feminismo contra la pornografía que comienza en Estados Unidos en los años ochenta y que se conoce con el nombre de "guerras feministas del sexo". Catharine Mackinnon y Andrea Dworkin, portavoces de un feminismo antisexo, van a utilizar la pornografía como modelo para explicar la opresión política y sexual de las mujeres. Bajo el eslogan de Robin Morgan "la pornografía es la teoría, la violación la práctica", condenan la representación de la sexualidad femenina llevada a cabo por los medios de comunicación como una forma de promoción de la violencia de género, de la sumisión sexual y política de las mujeres y abogan por la abolición total de la pornografía y la prostitución. En 1981, Ellen Willis, una de las pioneras de la crítica feminista de rock en Estados Unidos, será la primera en intervenir en este debate para criticar la complicidad de este feminismo abolicionista con las estructuras patriarcales que reprimen y controlan el cuerpo de las mujeres en la sociedad heterosexual. Para Willis, las feministas abolicionistas devuelven al Estado el poder de regular la representación de la sexualidad, concediendo doble poder a una institución ancestral de origen patriarcal. Los resultados perversos del movimiento antipornografía se pusieron de manifiesto en Canadá, donde al aplicarse medidas de control de la representación de la sexualidad siguiendo criterios feministas, las primeras películas y publicaciones censuradas fueron las procedentes de sexualidades minoritarias, especialmente las representaciones lesbianas (por la presencia de dildos) y las lesbianas sadomasoquistas (que la comisión estatal consideraba vejatorias para las mujeres), mientras que las representaciones estereotipadas de la mujer en el porno heterosexual no resultaron censuradas.


Frente a este feminismo estatal, el movimiento posporno afirma que el Estado no puede protegernos de la pornografía, ante todo porque la descodificación de la representación es siempre un trabajo semiótico abierto del que no hay que prevenirse sino al que hay que atacarse con reflexión, discurso crítico y acción política. Willis será la primera en denominar feminismo "prosexo" a este movimiento sexopolítico que hace del cuerpo y el placer de las mujeres plataformas políticas de resistencia al control y la normalización de la sexualidad. Paralelamente, la prostituta californiana Scarlot Harlot utilizará por primera vez la expresión "trabajo sexual" para entender la prostitución, reivindicando la profesionalización y la igualdad de derechos de las putas en el mercado de trabajo. Pronto, a Willis y Harlot se unirán las prostitturas de San Francisco (reunidas en el movimiento COYOTE, creado por la prostituta Margo Saint James), de Nueva York (PONY, Prostitutas de Nueva York, en el que trabaja Annie Sprinkle), así como del grupo activista de lucha contra el sida ACT UP, pero también las activistas radicales lesbianas y practicantes de sadomasoquismo (Lesbian Avangers, SAMOIS...). En España y Francia, a partir de los noventa, los movimientos de trabajadoras sexuales Hetaria (Madrid), Cabiria (Lyon) y LICIT (Barcelona), de la mano de las activistas de fondo como Cristina Garaizabal, Empar Pineda, Dolores Juliano o Raquel Osborne formarán un bloque europeo por la defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales. En términos de disidencia sexual, nuestro equivalente local, efímero pero contundente, fueron las lesbianas del movimiento LSD con base en Madrid, que publican durante los noventa una revista del mismo nombre en la que aparecen, por primera vez, representaciones de porno lesbiano (no de dos heterosexuales que sacan la lengua para excitar a los machitos, sino de auténticos bollos del barrio de Lavapiés). Entre los continuadores de este movimiento en España estarían grupos artísticos y políticos como Las Orgia (Valencia) o Corpus Deleicti (Barcelona), así como los grupos transexuales y transgénero de Andalucía, Madrid o Cataluña.


Estamos aquí frente a un feminismo lúdico y reflexivo que escapa del ámbito universitario para encontrar en la producción audiovisual, literaria o performativa sus espacios de acción. A través de las películas de porno feminista kitsch de Annie Sprinkle, de las docuficciones de Monika Treut, de la literatura de Virginie Despentes o Dorothy Allison, de los comics lésbicos de Alison Bechdel, de las fotografías de Del LaGrace Volcano o de Kael TBlock, de los conciertos salvajes del grupo de punk lesbiano de Tribe8, de las predicaciones neogóticas de Lydia Lunch, o de los pornos transgénero de ciencia-ficción de Shue-Lea Cheang se crea una estética feminista posporno hecha de un tráfico de signos y artefactos culturales y de la resignificación crítica de códigos normativos que el feminismo tradicional consideraba como impropios de la feminidad. Algunas de las referencias de este discurso estético y político son las películas de terror, la literatura gótica, los dildos, los vampiros y los monstruos, las películas porno, los manga, las diosas paganas, los ciborgs, la música punk, la performance en espacio público como útil de intervención política, el sexo con las máquinas, iconos anarco-femeninos como las Riot Girl o la cantante Peaches, parodias lesbianas ultrasexo de la masculinidad como las versiones drag king de Scarface o ídolos transexuales como Brandon Teena o Hans Scheirl, el sexo crudo y el género cocido.


Este nuevo feminismo posporno, punk y transcultural nos enseña que la mejor protección contra la violencia de género no es la prohibición de la prostitución sino la toma del poder económico y político de las mujeres y de las minorías migrantes. Del mismo modo, el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa. Así, el objetivo de estos proyectos feministas no sería tanto liberar a las mujeres o conseguir su igualdad legal como desmantelar los dispositivos políticos que producen las diferencias de clase, de raza, de género y de sexualidad haciendo así del feminismo una plataforma artística y política de invención de un futuro común.


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  • Biblioteca mínima del feminismo posporno, queer y poscolonial
  • El País, 2007-01-13 # B. P.


El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Monique Wittig (Egales). Haciendo una crítica marxista de la producción sexual, Wittig define por primera vez en 1985 la heterosexualidad no ya como una forma de hacer sexo, sino como un régimen político y económico.


El género en disputa. Judith Butler (Paidós). Texto clave publicado originalmente en 1990 que inaugura una crítica de las nociones tradicionales del feminismo blanco, burgués, heterosexual y abre la vía a la llamada teoría queer: teoría marica, bollera y trans.


Cuerpos sexuados. Anne Fausto-Sterling (Melusina). Un ensayo audaz que revisa los textos científicos como metáforas culturales y representaciones políticas a través de los que se han construido las ideas de masculinidad y feminidad, de heterosexualidad y homosexualidad durante el último siglo.


El prisma de la prostitución. Gail Pheterson (Talasa). Nosotras las putas (compilación) (Talasa). Dos de los textos clave del movimiento de reivindicación de los derechos de las trabajadoras sexuales.


Vamps & Tramps. Más allá del feminismo. Camille Paglia (Valdemar). Paglia ha avanzado sin complejos algunas de las ideas centrales de un nuevo movimiento radical, denunciando el giro neoconservador del feminismo americano de los setenta un feminismo que según ella, ha sido confiscado por la moral judeocristiana y el Estado capitalista.


Mujeres, raza y clase. Angela Y. Davis (Akal). Un clásico de 1981 en el que Angela Davis traza una genealogía del feminismo americano partiendo de los movimientos de lucha por los derechos de los negros y del movimiento obrero, ayudándonos a tomar conciencia de cómo las discriminaciones de clase y de raza han configurado y reducido la agenda del feminismo liberal contemporáneo.


Otras inapropiadas. Feminismos desde las fronteras. Bell Hooks y otros (Traficantes de Sueños). Mejor antología en castellano de ensayos de crítica a los presupuestos blancos y racistas del feminismo liberal desde el feminismo negro y poscolonial.


King Kong Teoría. Virginie Despentes (Melusina, en prensa). La diva destroy punk de las letras francesas, escritora de novelas en las que las protagonistas ocupan posiciones tradicionalmente reservadas a los hombres (sangre, sexo y rock and roll) y de la controvertida y censurada película Fóllame (2000), nos ofrece un ensayo en primera persona en el que se ataca los tabúes del feminismo liberal: la violación, la prostitución y la pornografía.


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  • Entrevista: Virginie Despentes
  • "No creo en la femineidad"
  • El País, 2007-01-13 # Patricia de Souza

La aparición de la novela Fóllame, luego llevada al cine, lanzó a la fama a la escritora francesa. Su último libro, King Kong Teoría, mezcla el ensayo y la autobiografía para hablar de la violación, la prostitución y la pornografía desde un punto de vista tan crudo como polémico.


Transgresora y deslenguada, Virginie Despentes (Nancy, 1969) pasó de ser una escritora marginal a convertirse en una de las voces más destacadas de su generación. Una dama de la literatura trash. La popularidad le llegó en 1993 con su novela Fóllame (Mondadori), después llevada al cine, que cuenta la violenta historia de dos prostitutas convertidas en asesinas en serie. Despentes extrae de su biografía -en la que figuran la violación, la prostitución y los trabajos basura- buena parte de su material de ficción y también de reflexión. Pero es su último libro, el ensayo King Kong Teoría (de próxima aparición en Melusina) el que la ha vuelto a poner en la mira de los conservadores. Un texto polémico que unos consideran el manifiesto de un nuevo feminismo y otros, un ajuste de cuentas personal, una guerra civil entre hombres y mujeres. "Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las insatisfechas, las que nadie desea, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena mujer", escribe.


Pregunta. Su escritura es directa como un puñetazo. ¿Es necesaria la cólera, cierta violencia para hacerse escuchar?
Respuesta. No, la cólera puede dar cierta energía. Pero lo que es necesario para hacerse oír son personas dispuestas a hacerlo. Hay algunas que funcionan bien con la cólera, otras, a quienes eso les causa apenas un rasguño.


P. ¿Escribir: "Puesto que quería ser un hombre, he tenido una vida de hombre", no es una dimisión de su propia particularidad?
R. ¿Una dimisión con respecto a qué? ¿A mi "devenir mujer"? Nunca me he sentido dueña de una misión particular por ser mujer. Desde el exterior es desde donde se me
hizo comprender que mis apetitos eran masculinos. Hubiera dimitido de mí misma aunque me hubiese comportado de otra manera. Si hubiese escuchado lo que me decían: a las chicas no les gusta tocar la guitarra eléctrica, pero sí los chicos que lo hacen; a las chicas no les gusta pelearse, pero sí los hombres que se pelean; a las chicas no les gusta ganar dinero, pero sí casarse con aquellos que lo tienen... No creo por un instante en la femineidad, que sería un despliegue biológico o químico de cualidades particulares en todas las mujeres. Tampoco creo más en la virilidad que reuniría a todos los hombres. No me parece que Bruce Willis y Woody Allen se parezcan en nada. Ni tampoco Britney Spears y Angela Davis. Dividir a la humanidad en dos partes para tener la sensación de haber hecho un buen trabajo me parece bastante grotesco.


P. Cuando escribe que "explota su femineidad si se prostituye", me cuesta pensar que no deje una huella traumática...
R. Sinceramente, ¿cree que la prostitución deja más traumas que la exposición mediática? Lo que hago hoy en día para ganarme la vida como autora mediatizada es humillante y doloroso. Y nadie me compadece. La prostituta deja libre el fantasma del miedo a que las jóvenes se hagan prostitutas, por eso insistimos en el lado doloroso de ese oficio.

P. Tal vez la posesión física sea también la posesión moral de la persona... ¿Todo acto físico no deja una huella emocional?
R. Si he practicado ese oficio durante un tiempo era porque me resultaba fácil. Más transparente que otros trabajos que he podido tener. Todo intercambio físico deja una huella emocional, sí, pero no siempre negativa. No digo que todas las mujeres puedan hacerlo. Digo que, para algunas, es un trabajo como cualquier otro, incluso más interesante que otro. No vivimos en un mundo donde todo el mundo esté feliz con pagar su hipoteca.


P. Para usted la femineidad es una forma de servilismo, un puterío. Una mujer sumisa es una mujer sin rostro, ¿por dónde empieza la revolución?
R. Convertirse en lesbiana sería un buen comienzo.


P. No se termina, según dice, disfrazándose de hombres para avanzar. ¿Cómo inventar la femineidad bajo presión sin caer en el conservadurismo o tirando de ideas preconcebidas?
R. No nos disfrazamos de hombres más que ellos. Lo que se define como lo q
ue les pertenece, no les pertenece y no les conviene, ni más ni menos que a las que nacemos mujeres. Imaginar que la fuerza de carácter, la energía, la agresividad, el deseo, o los trapos más prácticos que seductores nos pertenecen en tanto que hembras es una herejía. A cada una le toca definir, según su trayectoria precisa y en la medida de sus posibilidades adónde quiere ir. Que opongan a mi femineidad el ejemplo de una novela donde dos mujeres matan a todo el mundo es una estupidez. No escribo para honrar ni deshonrar mi femineidad, sino en un contexto preciso y sobre emociones que no poseen género.


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  • Entrevista: Marina Abramovic
  • "Me interesa el aspecto espiritual del sexo"
  • El País, 2007-01-13 # Feitta Jarque

Es una de las clásicas del performance y siempre ha trabajado sometiendo su propio cuerpo a experiencias extremas. A sus 60 años, expone en Madrid su primer trabajo relacionado explícitamente con la sexualidad a partir de ritos ancestrales recogidos en el folclore serbio.


Marina Abramovic (Belgrado, 1946) es una de las más destacadas representantes de la performance. Abramovic presenta hasta el 24 de febrero en la galería La Fábrica (Alameda, 9), de Madrid, vídeos y fotos de su reciente serie Balkan Erotic Epic, su primera indagación abierta hacia el erotismo.


Pregunta. ¿De dónde procede la idea de esta serie, titulada Épica erótica balcánica?
Respuesta. Hace un par de años me pidieron un trabajo que usara imágenes pornográficas. Fue un reto para mí porque nunca antes había hecho nada en torno a ese asunto. Estuve viendo películas porno pero no me inspiraban nada. La forma en que era tratado el cuerpo de la mujer era siempre demasiado estereotipado. Para mí lo interesante es el aspecto espiritual del sexo. Así es que decidí que lo más interesante era rebuscar en mi propia cultura. Fui a Belgrado y en la biblioteca investigué en el folclor antiguo, anterior al comunismo y al socialismo. Incluso a pesar del cristianismo conservamos muchos ritos paganos explícitamente sexuales. Pero lo eran de una forma distinta en la que el cuerpo era utilizado como herramienta o como medio para propiciar la fertilidad de la tierra, para pedir lluvias, para la sanación... La energía sexual era transformada para el contacto con las energías invisibles. Investigué más y di con unos rituales muy interesantes que luego utilicé para dos trabajos. Uno es una instalación de vídeo titulada Balkan Erotic Epic, y la otra es un cortometraje en el que yo hago de profesora enseñando a los alumnos estos rituales, puestos en escena por un grupo de gente que elegí a partir de un largo casting y la preparación de esta gente durante dos años en Belgrado.


P. Es curioso saber que estos vídeos recogen costumbres ancestrales porque siguen pareciendo muy actuales. Parecen remitirse al presente. El vídeo Woman with skull, que recrea los movimientos de la cópula con una calavera, es impactante. Podría referirse al duelo de las mujeres tras la guerra y la forma en que han asimilado la muerte de sus hombres.
R. Las imágenes arquetípicas suelen parecer siempre contemporáneas. Son imágenes que reconocemos en lo profundo de nuestro subconsciente. Pienso que la tarea del artista es reconocer estos arquetipos, darles una vuelta, y hacerlos actuales otra vez. Ser conscientes de ellos.


P. En las performances el sexo es un tema muy habitual. ¿Por qué no lo hizo antes? ¿Le interesa en este momento de su vida como mujer?
R. A mí no me importa que sean hombres o mujeres, lo que intento es usar los órganos sexuales como vehículo para indagar en su poder y conectarlo con la energía espiritual. Cuando ves estas piezas no encuentras nada pornográfico en ellas, se convierten en otra cosa. Ves los genitales desde otra perspectiva. He querido ofrecer un punto de vista distinto al habitual.


P. En los años setenta las performances fueron una forma de rechazo del objetualismo y el mercado del arte. Ahora las performances se pueden vender, y los museos y coleccionistas las compran. ¿Cómo ve usted esta evolución?
R. Sigue siendo muy difícil vender una performance. En los primeros tiempos estaba en el mismo grupo marginal de otras artes como el vídeo y la fotografía. Los tres medios se consideraban todavía inferiores a la pintura y la escultura. Pero luego el vídeo encontró su lugar, por no hablar de la fotografía, y se popularizaron las instalaciones. Las performances no. Realmente casi nadie compra performances. Compran vídeos de los performances y las fotos documentales de éstos. El año pasado presenté en el Guggenheim de Nueva York la recreación de varios performances históricos que influyeron mucho en mi carrera al principio. Lo titulé 7 Easy Pieces, y eran obras de Bruce Nauman, Vito Acconci, Valie Export, Gina Pane y Joseph Beuys. En ellas abordé precisamente este problema. ¿Cómo es posible recrear esas performances si el autor ya no las hace o está muerto? ¿Y en qué condiciones deberían hacerse? Para que una performance esté viva tiene que volver a representarse. No hay ahora ninguna condición clara de cómo debe hacerse esto. Por eso creo que la performance no está todavía dentro del mercado del arte como el vídeo o la fotografía.


P. ¿Y cree que debería integrarse en el mercado?
R. La performance sigue estando al margen y creo que eso es injusto. Debería estar en la misma categoría que las otras disciplinas. Cuando quise rehacer estas performances de los años setenta fue muy difícil conseguir los permisos. Mi idea es que hay que pedir autorización al artista y pagarle por los derechos de recrearlo. Como se hace con el copyright de un filme o un libro. Esto nunca se ha respetado. Muchos artistas jóvenes cogen las ideas de los anteriores sin permiso, sin mencionarlos siquiera, como si fueran suyas. Y los jóvenes críticos, sin idea clara de la historia, las toman como si fueran originales. Se están copiando nuestras performances en el mundo de la moda, en la MTV, en la danza contemporánea, sacándolas de contexto y rehaciéndolas a su manera.


P. El asunto es que hay un gran interés por la performance entre los jóvenes artistas y parte de su trabajo son los talleres que imparte usted, como el que ofreció en Santiago de Compostela en 2003, titulado Cleaning the house. En ellos se incluían experiencias como el ayuno, el silencio y acciones extremas. ¿Se requiere un entrenamiento tan duro?
R. Mis alumnos son personas que quedan preparadas para efectuar performances largas, prolongadas, y en situaciones que requieren mucha concentración y control del propio cuerpo y mente. La vida diaria no te proporciona la preparación suficiente para hacerlo. Así es que creé estos talleres con muchas dificultades que hay que superar a través del ejercicio. Cuando terminan están mucho más fortalecidos.


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