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2007/04/03

> Erreportajea: Egoerak > LITUANIA: UN SECRETO MEDIANAMENTE GAY

  • Lituania: un secreto medianamente gay
  • Deseosa de sacudirse el legado soviético y de plegarse a los estándares de la UE, Lituania se esfuerza por integrar a sus minorías. También las sexuales. Prensa, Iglesia y opinión pública arrastran los zapatos.
  • Café Babel, 2007-04-03 # Prune Antoine · Paris · Traducción: Elsa González Aimé

Vilnius. Temperatura exterior nocturna: -30º. Al fondo de un patio trasero sombrío y lúgubre, un tubo de neón brilla débilmente en el segundo piso de un inmueble. “Aquí es.” Eduardo Platovas señala con el dedo la ventana. Ni placa, ni signo aparente distinguen éste apartamento de los demás. Anonimato garantizado en hormigón armado.

Una vez al mes, los miembros de la comunidad homosexual de Vilnius, y de todo el país, se encuentran aquí, en la sede de la Lithuanian Gay league (LGL), para discutir de sus problemas con toda discreción. Los muros están pintados de amarillo chillón y hay algunos ordenadores diseminados por la sala. Esta noche, una quincena de personas asisten a una conferencia sobre homofobia, impartida por un profesor de la universidad Vytautas Magnus de Kaunas. Algunas imágenes desfilan sobre una pantalla, al ritmo del tic-tac incesante de un reloj. Encima de la chimenea encontramos la bandera multicolor del orgullo gay.

“En Lituania, los homosexuales tienen la costumbre de callar”, suelta Virginija, de 25 años, una de las asistentes al debate. “No hay sentimiento de pertenencia a una comunidad, porque nadie cree que la situación pueda cambiar”.

¿La situación? En éste pequeño Estado báltico, los gays siguen siendo una minoría invisible expuesta a las discriminaciones. Según una encuesta de la LGL con fecha de 2003, el 68% de los lituanos preferiría tener a un vecino camello antes que a un homosexual. Entre estos últimos, dos tercios temen desvelar su orientación sexual a su familia, y el 89% se muestra espantado ante la idea de que su jefe descubra sus preferencias.

Vivir escondido
Por lo que parece, el comunismo ha dejado su huella: en tiempos de Stalin, el sexo “no existía” y las relaciones entre personas del mismo género estaban castigadas como delito. Desde 1993, bajo la presión de Bruselas, Lituania flexibilizó su legislación. El gobierno muestra ahora su voluntad de combatir las discriminaciones. Un programa nacional de protección de las minorías fue puesto en marcha en 2003, y un mediador para la igualdad de oportunidades ha sido nombrado. La UE acaba de otorgar una partida de 150.000 euros para una serie de proyectos bautizados “Equal”, cuyo objetivo es integrar a las minorías en 2007. ¿Cuestión de tener buena conciencia?

“Claro está, los homosexuales no son maltratados, agredidos o arrastrados por las calles”, admite Mindaugas, el consejero legal de la asociación “Tolerant Youth Association” (TYA). “Sin embargo, las leyes que tienen por objeto proteger a las minorías sexuales no se aplican.” Es difícil, en efecto, lograr que se respeten unas medidas adoptadas en los trastornos de la post-transición y en contra de la opinión pública del momento.

“Nuestros políticos no se han atrevido a decir nada sobre la homosexualidad para no comprometer el proceso de integración europea”, añade Vladimir Simonko, uno de los fundadores de la LGL. “Pero una vez dentro del club, ya nadie duda en predicar un retorno a los valores tradicionales.” Según un sondeo publicado hace poco por el diario Reppublika, 100 diputados de los 140 de la Seimas, consideran la homosexualidad como una perversión. “¿Tolerar la homosexualidad? ¿Y por qué no aceptar la zoofilia también?”, habría llegado a declarar el parlamentario conservador Kazys Bobelis.

“Capones” y conservadores
A pesar de ello, Lituania no es el único país confrontado a un discurso retrógrado por parte de las autoridades. Entre las salidas de tono homófobas de los hermanos Kazcinsky en Varsovia, y los disturbios causados durante la Love Parade letona en el verano de 2006, cuando activistas de extrema derecha lanzaron huevos y excrementos sobre los manifestantes, los gays de las riberas del Báltico están lejos de ver la vida de color de rosa.

Para empeorar las cosas, la prensa local, compuesta principalmente por tabloides, multiplica las alusiones homófobas y los insultos escandalosos. Así, “capón” [vištgaidis] es el apodo abiertamente empleado desde las páginas del diario Vakaro zinios para designar a los homosexuales.

En cuanto a la Iglesia, con su aureola de “resistente” durante la era soviética, ve cómo su influencia se acrecienta sobre la clase política y sobre una población católica al 80%, en detrimento de cierta tolerancia. “Existe también en Lituania una especie de parálisis cultural”, reconoce el sociólogo Arnoldas Zdanevicius. “Los gays no logran salir del armario. Ninguna personalidad de primera plana ha dado nunca ejemplo, admitiendo en público su homosexualidad.” Apenas uno de los diseñadores más conocidos del país acaba de atreverse a mencionar en una entrevista una “orientación sexual cósmica”.

Gay de fin de semana
¿No estaríamos ante una falta de implicación por parte de la propia comunidad gay? “Tengo la impresión de que la mayoría de los homosexuales sólo quiere irse de fiesta”, retoma serenamente Virginija. “Ni hablar de un compromiso ideológico.” Porque en un país “tan provinciano”, todo se sabe muy rápido, demasiado rápido.

En la “Men’s factory”, el club gay abierto desde hace dos años en Vilnius por el ruso Alekseï Terenteï, los falos de cartón piedra brotan de las esquinas, los cuartos oscuros florecen y una ducha emana del centro de la pista de baile. ¿Cuál es la tarifa para divertirse a lo grande en esta fábrica de armas reconvertida en sala de fiestas? 40 litas [o sea, 20 euros]. Un precio caro que no impide la afluencia de unos 500 aficionados cada fin de semana, sin contar con las apariciones de famosetes rusos que “adoran el lugar”, según el propietario.

Rubio oxigenado de musculatura prominente, Terenteï se enorgullece de ser “el único homosexual oficial en Lituania”, antes de precisar “haber luchado sin descanso contra las instituciones o la policía” para afirmar su identidad. A su juicio, un garito como la “Men’s factory” hace más por la causa gay que todas las instituciones antidiscriminación del país. “Las asociaciones obtienen subvenciones, pero ¿dónde está el resultado tangible de su acción?”, lanza con una pizca de provocación.

Campañas de sensibilización, seminarios o debates son ciertamente organizados por la Lithuanian Gay League. Incluso la conferencia anual de la Asociación Internacional de los Gays y Lesbianas (ILGA) tendrá lugar en octubre de 2007 en Vilnius. A pesar de ello, los homosexuales lituanos siguen rechazando el movilizarse de forma demasiado ruidosa o el ser un “kamikaze”. Traducción: salir del armario.

“Hay una atomización de la comunidad gay y demasiadas divergencias entre los principales grupos de defensa de las minorías sexuales”, apunta Mindaugas. Como consecuencia, sus intereses están mal o poco representados. “Hace más de diez años que tratamos de defender los derechos de los gays y los cambios apenas se perciben: tal vez éramos demasiado idealistas”, se justifica suspirando Platovas, presidente de la LGL. “Las generaciones jóvenes no se interesan por los Derechos Humanos sino por el negocio.”

2007/03/27

> Berria: Homofobia > LOS DERECHOS HOMOSEXUALES ABREN UNA BRECHA ENTRE PAISES EUROPEOS

  • Diferencias en la defensa de las minorías sociales
  • Los derechos de los gais abren una brecha entre países europeos
  • Socios de la UE como Gran Bretaña e Italia viven un intenso debate sobre el tema. Antiguos estados comunistas ahora en la Unión están lejos del progreso medio.
  • El Periódico de Aragón, 2007-03-27 # Mauricio Bernal

El Gobierno polaco presenta un proyecto de ley para vetar a los maestros homosexuales. Elton John escribe un artículo en el que pide que se acabe con la homofobia. Los católicos italianos convocan una manifestación en favor de la familia en pleno debate sobre la nueva ley de parejas de hecho. Miles de anglicanos firman una carta dirigida a los 26 obispos de la Cámara de los Lores para que voten en contra del derecho de adopción del colectivo homosexual. Es marzo del 2007 en la Unión Europea (UE), de lejos el territorio más avanzado en cuanto a los derechos de las minorías sexuales, el más tolerante, probablemente el más civilizado. Y aun así, el camino que queda por recorrer es largo, espinoso, poblado de trampas y de obstáculos.

Aquellos que saben cómo están las cosas en los antiguos territorios comunistas no se sorprendieron demasiado cuando el Gobierno polaco presentó un proyecto de ley que discrimina a los maestros homosexuales. En esta Europa de 27 en la que solo tres países han reconocido plenos derechos a este colectivo --Holanda, Bélgica y España, en ese orden-- hay una brecha gigante que separa a los países más occidentales de los del Este. Una brecha que según qué días no parece tan grande, a juzgar por las noticias que llegan de países como Italia y Gran Bretaña.


Mentalidades distintas
"Una cosa es Europa del Este y otra la Europa occidental --dice Silvia Jaén, coordinadora del área de Cooperación Internacional y Derechos Humanos de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de España (FELGT)--. Allí hay pendiente una tarea difícil que es conseguir que la sociedad se mueva por valores individuales, cuando tradicionalmente han estado acostumbrados a moverse por valores supremos y grupales. Hace falta que entiendan que la diversidad es un valor positivo".


Hace menos de un año, dos homosexuales rumanos fueron sorprendidos por la policía cuando se besaban en un parque público. Los agentes les pidieron la documentación y acto seguido les golpearon. "Debería encadenarte y follarte hasta que te cures", le espetó un policía a uno de los chicos. Los agredidos tuvieron que pagar una multa de 280 euros. En Lituania, donde el sexo entre homosexuales fue despenalizado en 1993, una empresa especializada en sondeos preguntó hace un año a los miembros del Parlamento si apoyaban la posición de la Iglesia Católica Lituana en el sentido de que la homosexualidad es una perversión. De 141 diputados, 89 respondieron que sí. El pasado mes de noviembre, Amnistía Internacional pidió a la Unión Europea que garantice los derechos de las minorías sexuales en Polonia y Letonia.


El peligro popular
Así las cosas, España puede ser uno de los países europeos donde los gais no solo disfrutan de una legislación decididamente progresista --pueden casarse y adoptar--, sino un lugar donde pueden vivir tranquilos. El colectivo no olvida, sin embargo, que la derecha mantiene su oposición a las leyes aprobadas por el Gobierno socialista, y teme una vuelta de los populares al poder. "Esos derechos no están asentados, madurados ni consolidados para la eternidad --dice Jaén--. No podemos negar que hay un PP con un discurso discriminatorio que mantiene el recurso de inconstitucionalidad contra la ley de los matrimonios entre homosexuales. Un eventual regreso del PP al poder nos colocaría en una situación difícil".


En el colectivo son conscientes no solo de que hay dos Españas sino de que la propia Europa está partida en dos, y que una buena mitad aún no entiende o no asume o directamente rechaza las políticas progresistas hacia los homosexuales. Así las cosas, las mejores garantías de que dispone el colectivo están en los mecanismos que ha desarrollado la UE contra la discriminación. "No solo son las leyes que reconocen los derechos del colectivo, es que hemos generado herramientas políticas e institucionales que nos defienden", dice Jaén. Eso es lo que hace difícil que iniciativas como las de Polonia prosperen en el seno de la Unión.