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2007/02/04

> Berria: Justizia > MELILLA: UN TRIBUNAL MILITAR JUZGARA EL CASO DEL SARGENTO GAY QUE DENUNCIO ACOSO

  • Un tribunal militar juzgará a finales de este mes el caso del sargento gay que denunció acoso
  • El Telegrama de Melilla, 2007-02-04 # Juan Carlos Heredia

Un tribunal militar desplazado desde Sevilla decidirá el día 21 de este mes sobre el caso del sargento que se querelló contra el mando de su Unidad por un supuesto acoso laboral, después de que se conociera la condición de homosexual del denunciante.


Un tribunal militar desplazado desde Sevilla decidirá el próximo día 21 de este mes sobre el caso del sargento primero que se querelló contra el mando de su Unidad por un supuesto acoso laboral continuado, después de que se conociera la condición de homosexual del denunciante. La juridiscción militar será la última vía del denunciante, después de que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Melilla rechazara en el mes de octubre la querella presentada por el sargento primero de Infantería contra el teniente coronel de su acuartelamiento.


La responsable del Juzgado número 2 de Melilla acordó en este sentido no admitir a trámite la querella y remitirla a la jurisdicción militar, que inicialmente también la había desestimado, al entender que la situación de acoso laboral o "mobbing" que denunciaba el sargento primero Domingo Díaz Real contra su teniente coronel de la Policía Militar no se ajustaba a la realidad.


Sin embargo, tras conocerse la sentencia la defensa del sargento anunció en el mes de noviembre que presentaría un recurso de forma ante la Audiencia Provincial de Málaga contra el auto del Juzgado de Instrucción número 2.


Cabe destacar que una vez finalice el proceso, el teniente coronel denunciado ha mostrado su intención de presentar una querella por calumnia y falsa denuncia del sargento primero, al asegurar su defensa que nunca existió discriminación por ni acoso laboral como consecuencia de su condición sexual.


Hechos
Los hechos que serán juzgados se remontan al 17 de marzo de 2005, cuando el suboficial gay, quien estaba destinado en esas fechas en la Compañía de la Policía Militar del Batallón del Cuartel General, fue requerido para que se personara en despacho de quien entonces ostentaba la máxima responsabilidad de esa Unidad. El motivo de la llamada del teniente coronel no fue otro que la aparición de una fotografía del sargento primero con un texto en el que aparecían calificativos como "moña" y "gay".


El teniente coronel le comunicó que había decidido cambiarlo de destino y ubicarlo en la Compañía de Plana Mayor, aunque el sargento primero alegó en su denuncia que los motivos expuestos por el mando militar eran "incoherentes". Además, en el texto de la denuncia se subrayaba que el suboficial había sido "vejado y humillado" con el texto de la fotografía, que motivó un cambio de destino "del todo injustificado".


El supuesto acoso que según el sargento se produjo tras conocerse su condición de gay motivó su baja médica desde abril de 2005, para la que se alegó un cuadro de “ansiedad, insomnio y desesperanza”.

2007/01/08

> Iritzia: Amando de Miguel > EL LATIN DE NUESTRO TIEMPO: EL INGLES

  • El latín de nuestro tiempo: el inglés
  • El Telegrama de Melilla, 2007-01-08 # Amando de Miguel


Asier Larrauri me dice que es mejor decir anglosajón que anglicano para calificar al idioma de los ingleses. A mí me gusta lo de anglicano como relativo a la cultura inglesa, y por tanto lo que se refiere a la religión establecida o a la lengua común.


En cambio, anglosajón es un término étnico, por otra parte no muy preciso. Ya sé que en este caso no puedo apoyarme en la autoridad de los diccionarios. Simplemente digo lo que me pide el cuerpo.


José María Iboleón Adarraga se extraña del “palabro organizacional”. Me consulta si está bien dicho, tanto palabro como organizacional. El palabro expresa divinamente la intención de calificar una voz como desmesurada, estrambótica. Lo de organizacional sigue la moda anglicana que prestigia los adjetivos en –al, como opcional, operacional, educacional, apariencial, etc. Mejor será decir organizativo, optativo, operativo, educativo, aparente, etc. Predicar en el desierto es mi especialidad.


David González Calleja aduce una ingeniosa teoría para explicar la voz gay (pronúnciase guey en inglés). Según ese culto corresponsal, “la voz gay no significa varón homosexual, sino que es equivalente a homosexual hombre o mujer, ya que está formada por la unión de guy (es decir, nuestro coloquial tío) y la voz gal (es decir, tía). Por tanto, gay = gal + guy (con las chicas primero, por cierto), o sea, el que es tío y tía”. En todo caso, digo yo, sería mejor decir “el que no es ni tío ni tía”. La teoría es ingeniosa, pero no se sostiene. Como en tantas otras ocasiones de neologismos, se busca una interpretación ex post facto que resulte atractiva. Pero los idiomas evolucionan lentamente, a su modo. Veamos:


La equivalencia de guy con tío, en el sentido popular de un varón un tanto chulesco se remonta en Inglaterra a la intentona de un tal Guy Fawkes de incendiar la Cámara de los Lores el 5 de noviembre de 1605. Fue la llamada Conspiración de la Pólvora, un fallido atentado terrorista, diríamos hoy. A partir de entonces se celebra “el día de Guy Fawkes”, en el que se hace una parodia del famoso terrorista católico. Los niños van de puerta en puerta pidiendo “un penique para Guy”. De ahí se formó el genérico de guy como equivalente de lo que nosotros llamamos tío en lenguaje juvenil y arrastrado.


Lo de gay tiene un origen diferente. En diferentes lenguas europeas (gayo en español) significa, desde hace mucho tiempo alegre, feliz, cachondo, vivalavirgen. Es lógico que, de ese significado genérico, pasar a designar a los invertidos, maricones u homosexuales. Ese último término es muy reciente. La equivalencia de gay con invertido se produce en Inglaterra a partir de un personaje en la obra de Nicholas Rowe, The Fair Penitent (1703). El protagonista, el gay Lothario, es una especie de donjuán promiscuo. A partir de entonces gay quedó como el varón lujurioso de indefinida sexualidad. La historia nada tiene que ver con guy ni con gal (muchacha).


En cambio, le doy la razón a don David respecto a la estupidez del término homofobia “para describir el odio, o el desprecio, o lo que sea a los homosexuales”. En todo caso sería “odio a los iguales” (homo). Sí, señor. La palabra está ya introducida, una vez más, como importación fraudulenta del inglés. Dado que el inglés aborrece las palabras largas, un homosexual acaba siendo un homo. Esa contracción resulta disparatada en español. Claro que lo de metrosexual resulta un término todavía más idiota.


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