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2007/12/04

> Erreportajea: Erakusketak > BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA: EL INFIERNO DEL LIBRO PROHIBIDO

  • El infierno del libro prohibido
  • La Biblioteca Nacional de Francia desempolva en una exposición 300 joyas bibliográficas de alto voltaje erótico, algunas de ellas nunca mostradas
  • El País, 2007-12-04 # Octavi Martí · Paris

Las carteras tienen un departamento o bolsillo recóndito al que denominamos "infierno". Las bibliotecas francesas tienen un departamento, estante o habitación que también recibe el nombre de "infierno". Allí guardan los libros o estampas eróticas. O pornográficas. Sencillamente, secretas. Y quien tiene un secreto, tiene alma. Y quien tiene alma, puede pecar. Así que la exposición que la Biblioteca Nacional de Francia acoge desde hoy es, en cierto modo, una exposición de pecado.


Desde 1844, la BNF tiene en su seno un infierno (enfer). En él se acumulan todos los libros -ilustrados o no- que pudieran hacernos "pecar", "condenarnos". Antes de esa fecha, la biblioteca no era pública o aún no estaba ordenada y accesible. Cuando era privada, ya contenía libros "licenciosos", pero sus propietarios se limitaban a no dejarlos al alcance de los niños. Con la democracia -primero censitaria, luego masculina, por fin universal- se institucionaliza el control de la sexualidad.


En el enfer de la Biblioteca Nacional de Francia hay en la actualidad algo más de 1.700 publicaciones, muchos de los cuales jamás se han topado con el ojo del público. De un manuscrito del Roman de la rose, de Guillaume de Lorris y de Jean de Meung, del siglo XIV, a Au jour dit, de Pierre Bougeade, publicado el año 2000. En el primero vemos a una monjita recoger frutos del árbol de los penes -"es inútil resistirse a los deseos de la naturaleza. El hábito monástico no os ofrecerá protección alguna. ¡Coged pues los placeres de la vida!"-, en el segundo el dibujo alegórico ha sido sustituido por fotografías algo más crudas.


En la BNF, todos esos fondos -una selección de 300 de ellos- se ofrecen al público -mayor de 16 años- hasta el 2 de marzo de 2008. La exposición recrea de manera sutil la idea de una biblioteca en llamas o de un infierno literario. Los personajes míticos, las ediciones clandestinas y, por fin, los autores que se quietan el antifaz se suceden en un recorrido que también se interesa por ciertos fenómenos de moda: la pasión por la antigüedad clásica, la confusión de géneros o el entusiasmo por la flagelación o la zurra.


Unas pantallas nos permiten ver adaptaciones cinematográficas de grandes clásicos del erotismo, ya sea La religieuse, de Diderot, o Histoire d'O, de Pauline Réage. Unos discretos altavoces nos permiten escuchar fragmentos de obras de referencia.


Si durante años el enfer se alimentaba de las requisas o incautaciones hechas por la policía en casa de particulares o editores poco respetuosos de la ley y se consideraba un lugar infamante, hoy sólo van a parar a ese lugar las ediciones de bibliófilo de gran calidad y fuerte contenido erótico. Si se trata de ediciones vulgares, se reúnen con las demás en los anaqueles en alegre promiscuidad.


De entre el material presentado en la exposición L'enfer de la bibliothèque hay obras que destacan por diversas circunstancias. Thérèse philosophe es una novela libertina del XVIII en la que la protagonista -una joven de 25 años- sólo cede a su amante después de haberlo aprendido casi todo del amor gracias a los libros y grabados.


Tras Thérèse, el marqués. Las aventuras y desventuras de Donatien-Alphonse-François, marqués de Sade, y de sus heroínas Justine o Juliette, suponen un salto cualitativo en la manera de contemplar el placer. "Mi manera de pensar, me decís, no puede ser aprobada", le escribe el marqués a su esposa. "¿Qué más me da? Locura sería adoptar una manera de pensar sólo para satisfacer a los demás". Ese es el escándalo sadiano: que el deseo, personal e intransferible, único, sea el principal motor de la actividad humana. Lo particular se impone a lo universal. Y los libros de Sade van al "infierno", sea cual sea el poder gobernante. "Y eso que nunca hizo daño a nadie. Toda su maldad era imaginaria o de papel", explica Marie-Françoise Quignard, comisaria de la exposición.


La Revolución
, al suprimir -momentáneamente- la censura, instaura el cielo de los editores en la tierra. Y éstos lo aprovechan para publicar Sade, sí, pero también centenares de panfletos pornográficos, algunos de ellos dignos de atención -Le Godmiché royal por ejemplo, en el que los dos sexos dialogan con alejandrinos sacados de Le Cid de Corneille-, o sorprendentes, como la falsísima Liste de tous les prètres trouvés en flagrant délit chez les filles publiques de Paris. Hay panfletos dedicados al "furor uterino" de María Antonieta, relaciones de "tarifas de las chicas del Palais-Royal" o un relato del "espía de las alcobas".


El poeta George Hugnet escribió un texto en honor de Onan que Salvador Dalí ilustró a base de un "espasmo-grafismo obtenido con la mano izquierda mientras con la mano derecha me masturbaba hasta la sangre". En el centro del dibujo, una mancha que prueba que Dalí nunca miente.


La edición de Histoire d'O se sitúa al límite de la nueva consideración oficial para con el erotismo o la pornografía. En 1955 gana un premio literario y los elogios de Pierre de Mandiargues o Bataille pero también la prohibición de ser vendido a menores o expuesto en escaparates. Durante los años setenta se convierte en un best seller mundial bajo el seudónimo de Pauline Réage. Y no es hasta 1994 que Dominique Aury se identifica como autora del texto.

2007/11/28

> Berria: Testigantza > LE BLOG DE MOUSHIN, L'UNE DES VICTIMES DE VILLIERS-LE-BEL

  • Le blog de Moushin, l'une des victimes de Villiers-le-Bel
  • L’Express, 2007-11-28 # Henri Haget et Marie Huret


Sur son blog, créé en 2006, Moushin, alias Chamoo, 15 ans, tué accidentellement par des policiers, le 25 novembre, à Villiers-le-Bel, lâchait ses aphorismes en VO. Il racontait la vie d'un adolescent turbulent, séducteur et frondeur.


Caractère: posé. Signe astro: gémeaux. Activité: lycéen. Taille: 178 cm. Il aime: les billets, la monnaie, le liquide, les chèques… Il déteste: les pièces rouges, les pièces jaunes, le Smic, le RMI… Sur son blog, Moushin, alias Chamoo, se vieillissait de deux ans. Il mettait qu’il en avait 17 et qu’il était un sacré BG. Beau gosse, le mot revient tout le temps. Quelques photos en attestent. Lui portant une paire de hublots fumés, lui, posant avec un sourire d’enfant modèle, sur le canapé familial. A tous ceux qui lui rendaient visite sur son site, le copain de Larami, l’autre jeune tué accidentellement par une patrouille de policiers, le 25 novembre, à Villiers-le-Bel, lâchait ses aphorismes en VO. "Vous rier de moi parce que je suis différent mais moi je ri de vous car vous êtes tous pareille".


Il témoignait du respect pour deux êtres: Dieu et sa maman. "On c’est c ki contrôle, ni les renoi (Noirs), ni les harbi (Arabes), ni les parain, ni les tange (les Gitans), c Yarbi ! Dieu est grand on crain que lui !" Sous la photo à l’eau de rose d’un marié enfilant une bague à sa promise en robe blanche, il écrit: "Celle que j’aime avant tous et qui est la plus belle, c’est ma maman que j’aime tellement."


Sinon, depuis la création du blog le 15 mars 2006, les innombrables "posts" envoyés par ses amis du 95 racontent la vie d’un adolescent turbulent, séducteur et frondeur qui écoute le rap de Mafia K’1 Fry et fait des roues arrières avec son vélo sur la nationale. Un adolescent comme tant d’autres. Sa prose approximative est un mélange de naïveté enfantine plombée par un fatalisme d’adulte revenu de tout. "Qu’on parle de moi en bien ou en mal, l’importance, c’est qu’on en parle", avait-il mis sur sa page de garde. Sa dernière connexion remonte au samedi 24 novembre, à 18h17.

> Berria: Indarkeria > FRANCIA: DISTURBIOS EN LOS SUBURBIOS DE PARIS POR EL ASESINATO DE LARAMI Y MUSHIN

  • Disturbios en los suburbios de París
  • "Con los 'keufs', desde ahora es la guerra"
  • Familiares y amigos de los jóvenes muertos en Villiers le Bel exigen justicia con piedras y de cócteles molotov
  • Público, 2007-11-28 # Andrés Pérez · Villiers-le-Bel

Combatir el miedo con luz. Eso es lo que intentó ayer por la noche el alcalde de Villiers le Bel, la localidad del cinturón norte de París, epicentro de la protesta incendiaria que se extiende por las periferias francesas.


Didier Vaillant anunció una "noche en blanco" con todos los edificios municipales abiertos e iluminados: salas de deporte, centros sociales, casas de cultura. Todo. Para que los jóvenes no los quemen en choques con la Policía. Para que vengan y empiecen a hablar sobre sus relaciones con las fuerzas del orden y sobre la muerte de Larami y Mushin, el domingo.


A última hora de ayer, los primeros coches camuflados de la Policía empezaban a acelerar bajo los últimos rayos del sol, preludio a chalecos antibalas y cascos. Las primeras abuelas empezaban a parapetar sus ventanas, pese a la temperatura sorprendentemente primaveral dejada por un sol radiante inacostumbrado de noviembre. Los helicópteros sobrevolaban la ciudad como si fuera tierra apestada. Los primeros jóvenes empezaban a bajar la capucha, a subirse la bufanda y a preparar un stock de piedras y de cócteles molotov. "No habrá calma hasta que no haya justicia. No es momento de palabras. Con los keufs (maderos), ahora es la guerra". Quien habla es un joven francés de origen maliano. Entra en una panadería, la panadería de Villiers-le-Bel donde trabajaba dos semanas al mes, como aprendiz, Larami, uno de los dos jóvenes muertos cuando la minimoto que pilotaban fue impactada brutalmente por un coche de Policía.


El hermano de Larami
El muchacho se niega a dar su nombre de pila a este corresponsal. Pero es el panadero quien lo delata. Se trata de un hermano de Larami. Con la voz temblorosa y una mirada de incomprensión, habla de su hermano, "un valiente que se atrevía a trabajar un oficio tan duro como el de panadero".


Habib, el artesano de la harina y los hornos asiente: "Durante los dos periodos de práctica que pudo hacer, siempre llegó a las seis de la madrugada en punto. Siempre respetuoso".


El hermano, de 18 años, a quien se le escapan las palabras, añade: "Ahora ya nada tiene sentido. Yo quería entrar en el Ejército, ser bombero o algo así. Estoy en un contrato de reinserción. Pero después de esto, nada".


El relato de los vecinos del barrio sobre lo ocurrido entre la Policía, de un lado, y Larami y Moushin, de otro, difiere cada vez más de la versión oficial difundida por las autoridades, en un divorcio de consecuencias incalculables.


Todo fue "un accidente"
Según la Fiscalía de Pontoise encargada del caso, y que no es autoridad judicial independiente como lo sería un juez de instrucción, "el examen técnico de los vehículos y las constataciones médico-legales corroboran los primeros elementos de la investigación", es decir, que todo fue un accidente.


Didier Vaillant, el alcalde de Villiers-le-Bel, arropado por otros seis alcaldes del cinturón pobre de París, exigió "rápidamente una investigación imparcial" para "hacer la luz totalmente", e invitó a los vecinos, adultos y jóvenes, a ponerse en contacto con la Justicia o con el Ayuntamiento para comunicar sus testimonios.


Ayer por la noche, los primeros disturbios empezaban a estallar en suburbios ya lejanos de Villiers-le-Bel, dejando planear el recuerdo de la revuelta juvenil de otoño de 2005. El llamamiento "a la calma y al diálogo" de Didier Vaillant era como una baliza de emergencia.

El blog de una víctima, desbordado
Un aluvión de comentarios ha inundado en las últimas horas el blog de Moushin, una de las víctimas que murió a bordo de la moto el pasado domingo. La existencia del blog fue revelada ayer por el semanario L’Express siguiendo indicaciones de los amigos de Moushin.


“La puta, moushin, eres demasiado joven, descansa en paz, snif”, dice en uno de los comentarios harko93. “Siento rabia por ver que han matado a un chaval como tú”, confiesa turko68, otro internauta. Rachel envía sus condolencias a la familia, mientras que Sama promete al fallecido que su muerte “será vengada”.


En el blog, escrito bajo el seudónimo Chamoo, el joven posa con gafas de sol, o a lomos de un camello en una playa. Confiesa que su madre es la persona que más quiere en este mundo y que le gustan “los billetes, las monedas, el dinero y los cheques”. “Te ríes de mí porque soy diferente. Yo me río de vosotros porque sois todos iguales”, dice Moushin, que se declara de carácter tranquilo. Su perfil le revela como estudiante de secundaria que vive con sus padres. 178 cm de altura, 65 kilos, ojos marrones, pelo negro. Su última entrada de información la hizo el sábado a las 18.17 horas.

2007/11/03

> Berria: Erakusketak > PARIS SORTEA LA CENSULA DE PUTIN

  • París sortea la censura de Putin
  • La Maison Rouge francesa expone a los artistas rusos cuyas obras fueron prohibidas por el Ministerio de Cultura en Moscú
  • El Mundo, 2007-11-03 # Ruben Amon / Daniel Utrilla · Paris / Moscú



Vladimir Putin gobierna a la izquierda de Cristo y en presencia de Pushkin. Al menos, es cuanto sostienen trinitaria y vitriólicamente los Narices azules, sobrenombre de un dúo de vanguardia moscovita, formado por Slava Mizine y Alexandre Shabourov, que ha logrado parodiar la santidad del presidente y sortear a orillas del Sena la mano de la censura.


Sus obras se exponen en la Maison Rouge como símbolo pujante del arte contemporáneo ruso, pero no tendrían que estar colgadas en el museo parisino porque el ministro de Cultura, Alexander Sokolov, consideraba a los Narices azules, y a otros colegas, impropios embajadores de la patria.


El argumento material de semejantes restricciones son 19 obras «inaceptables». Incluido un cuadro gigantesco que inmortaliza a dos policías rusos besándose en el idilio de un paisaje nevado de abedules.


Que a los gays de Moscú no quiere verlos ni en pintura, era cosa conocida. La sonada cruzada del alcalde moscovita, Yuri Luzhkov, contra los homosexuales (a los que llama «satanistas» y a los que dispersa cada vez que intentan manifestarse) no tiene parangón en Europa y parte de Eurasia. El problema es que la acentuada homofobia de las autoridades ha terminado plasmándose en su ánimo censor.


La historia nos la explica atónita Paula Aisenberg, directora de la Maison Rouge y víctima colateral de las actuaciones inquisitoriales: «La idea de hacer la exposición de última vanguardia rusa provino de una visita a la bienal de Moscú. Nos llamó la atención una muestra específica sobre el arte político desde 1970 hasta nuestros días. Y acordamos con la galería Tetriakov traérnosla tal como se había expuesto en la capital rusa».


La sorpresa sacudió a los organizadores parisinos cuando supieron que no viajarían 19 cuadros. Tampoco habría representación alguna de los Narices Azules, culpables de haber pintado el beso gay y de haber concebido otras obras a contracorriente del idealismo putiniano.


«Era un caso de censura», explica Paula Aisenberg. «Nos parecía insólito que un funcionario impidiera exponer en París las obras que sí podían verse en Moscú. Interpretamos, por tanto, que se estaba coartando la libertad de expresión y que se estaba incurriendo en comportamientos peligrosos del pasado».


Las cuestiones «geoartísticas» y éticas no eran las únicas que se le planteaban a la Maison Rouge. También existía el riesgo arrebatar a la exposición los movimientos contemporáneos más interesantes.


Empezando por los Narices azules, cuyas obras trivializan la soldadesca, mistifican la sodomía y caricaturizan el paternalismo de Vladimir. «No podíamos aceptar la censura», añade Aisenberg. «Aceptamos las restricciones de la galería Tetriakov, pero decidimos arreglárnoslas por otros caminos para conseguir la representación de estos artistas boicoteados. No fue difícil contactar galerías ni dar con las pinturas que pertenecen al repertorio de los emergentes coleccionistas rusos». Y ahí están.


Pero el regate o el atajo no le importan al Ministerio de Cultura ruso tanto como que los artistas sometidos a las reglas inquisitoriales se presentaran en París para participar en una exposición institucional.


Es un matiz con olor a naftalina y con sabor a vodka añejo, aunque la iniciativa ha sido insuficiente evitar que el cuadro de los policías homosexuales (La era de la misericordia, 2004) se haya expuesto finalmente en la capital francesa. Aunque no ha sido en la Maison Rouge, sino en la recién concluida Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) para satisfacción de los Narices Azules.


El éxito cosechado se añade a la sopresa que debe producirles reencontrarse en París con el cuadro de Putin, Cristo y Pushkin. Ya había sido «detenido» el pasado marzo en la frontera cuando viajaba camino de una exposición de Dresde, pero no todos los policías de aduanas tienen el mismo criterio o el mismo olfato.


Artistas sin miedo contra la ortodoxia resucitada
Entre las obras que no lograron pasar el visto bueno de Moscú hay varias de tema gay, como un fotomontaje del grupo PG de la serie Gloria a Rusia en la que un oficial de policía sodomiza a un subordinado. Tampoco fueron admitidas algunas fotografías satíricas de la serie Maski show, en una de las cuales aparecen varios hombres en calzoncillos con caretas de Bush, Vladimir Putin y Bin Laden. Pero pese a haber sido censuradas, las imágenes llegaron a París a través de internet.


Conocido por su acidez irreverente, el grupo Narices azules presenta un generoso expediente de irregularidades. No en vano, algunos de sus iconos satanizados (como uno que representa a una terrorista chechena con las faldas flameando a lo Marylin Monroe) ya fueron expuestos este año en el museo Sajarov de Moscú en una muestra que reunió cuadros y fotografías censuradas en la época soviética y que fue tachada de «sacrílega» por la Iglesia Ortodoxa rusa.


El arte de la provocación halló en los años 90 sede en Rusia, donde jovenes artistas arremetieron contra la ortodoxia resucitada. El comité de censura de la URSS ya ha dejado de morder, pero ahora se impone otro tipo de censura por parte de galeristas, presionados por las autoridades políticas y religiosas. Superada la crisis económica de la transición, Rusia quiere sacar brillo a su imagen exterior y repudia las obras políticamente incorrectas.

2007/07/20

> Erreportajea: Artea > PIERRE ET GILLES: UTOPIA EROTICA

  • Pierre et Gilles. Utopía erótica
  • El País, 2007-07-20 # Eugenia de la Torriente

Esta es una historia de amor. De esas con amor verdadero, pasión, romance y final feliz. Y a pesar de todo eso, es una historia real. No es un cuento apto para cínicos y no ha nacido a la falda del sensiblero cine, sino del escéptico arte. Es la historia de una pareja, sí, pero fundamentalmente es la de una utopía. "Una soberbia declaración de amor a favor del humanismo que nos pide que olvidemos nuestra angustiada concepción de la humanidad y nos permitamos imaginar otra: una en la que los feos se han convertido en guapos, donde el martirio sucede sin dolor, donde el horror es soportable, si no bello, donde la muerte no mata. En una palabra, donde el amor reina supremo". Así resume el crítico Paul Ardenne la obra de Pierre et Gilles en un libro que recoge sus 30 años de trabajo, editado por Taschen. Un peculiar álbum de recuerdos, en tanto que la vida y la obra de estos franceses son prácticamente indisociables. Una publicación que parte de la exposición organizada por el Jeu de Paume en París, pero que trasciende al mero catálogo: incluye 170 imágenes más que la muestra.


En lo alto de la fría escalera del centro, un hombre pequeño saluda con la mano. A su lado, su pareja desde hace más de 30 años se da la vuelta. Gilles es más alto y corpulento, pero el tiempo, o ellos mismos, se han empleado a fondo para borrar sus diferencias. Idénticas cazadoras de cuero y vaqueros, camisetas a juego (en cada una, el correspondiente lugar de nacimiento), pelo rapado y un montón de tatuajes casi parejos. Sobre sus cabezas, en un enorme cartel, el título de su exposición. Es casi irónico: Double je. Doble yo. Yo y miniyo, que diría Austin Powers. Así, codo con codo, se sientan en el diminuto café del museo en el que concederán una entrevista constantemente interrumpida por los espontáneos que no quieren dejar el recinto sin llevarse una ilustrada dedicatoria de los artistas.


Cuando elaboran alguna de las coloristas y llamativas piezas que les han hecho famosos, el reparto de tareas está muy claro. Seguramente en ninguna de las 800 obras que han producido se han saltado el protocolo. Juntos conciben el proyecto. Gilles construye el decorado. Pierre ilumina y hace la foto. Una vez revelada, Gilles pinta minuciosamente una única copia hasta conseguir un aura de irrealidad. Luego construye un marco de fantasía a medida que no sólo rubrica la creación, sino que enfatiza su valor de obra única. Simplificando, Pierre hace la foto y Gilles la pinta. Por eso más de uno de los entusiastas aficionados que se acercan a pedir un autógrafo, se sorprende de que sea Pierre el encargado de dibujar pajaritos, estrellas y un gran corazón al lado del pertinente nombre. "Yo escribo muy mal. Cometo muchas faltas de ortografía y me cuesta mucho", explica con una sonrisa nerviosa Gilles mientras, en efecto, escribe trabajosamente su nombre con una caligrafía trémula e infantil, que inspira una ternura poco probable en un fornido hombre de 54 años que se retrata a sí mismo como un explícito Homo erectus (2004) o que se pone una máscara de calavera mientras se masturba para representar la muerte (1997).


En todo caso, es la única debilidad del hombre que asume el papel de portavoz en la pareja. La prensa suele retratar a Pierre, de 57 años, como un tipo callado y un tanto esquivo, y a Gilles, como uno locuaz y reflexivo, que puntúa sus largas y afables intervenciones con un "¿no es cierto, Pierre?", al que éste responde asintiendo. Pero Pierre no es el comparsa de nadie. Habla menos, sí. Pero es más sintético y certero. Tiene unos ojos que no le caben en la cara y que, de joven, le dieron un aire exótico y pícaro. En aquella época, antes de que sus apellidos desaparecieran para la eternidad, Gilles lucía una belleza más convencional. Alto, rubio y con un cuerpo cuidadosamente trabajado. En una foto de 1972, tomada por él mismo en la habitación de Bruno, uno de sus ocho hermanos, se contempla con satisfacción. Da la espalda a la cámara y la cara se refleja en un espejo. Lo hace con una torsión imposible, y sus músculos brillan por el aceite.


Es una imagen tosca, pero, con la falsa ventaja que da saberse el final de la historia, su complejidad parece anticipar su gusto por lo elaborado. Para Dan Cameron, comisario de su exposición itinerante en 2000, "son auténticos reformistas, en el sentido que encuentran insoportable imaginar dejar el mundo en el mismo estado de fealdad en el que lo encontraron". Aunque nada tan claro en la imagen como su culto al cuerpo (propio y ajeno), que domina también los primeros collages de Gilles, siendo todavía un estudiante de Bellas Artes de 18 años. Pero las cosas no debían verse tan fáciles y transparentes desde el salón de una familia conservadora de Le Havre, un puerto de Normandía. Y probablemente tampoco lo fueran mucho después de marchar, cuando las noticias que llegaban de París eran fotografías descaradas, explícitas, sexuales y notablemente homosexuales. Escandalosas.


"Al principio fue duro. Mi padre no hablaba nunca de mi trabajo, pero cuando murió, encontré una carpeta llena de recortes de prensa y artículos sobre nosotros", cuenta Gilles. "Yo no creo que seamos provocadores. Nunca ha sido nuestra intención. Es cierto que cuando empezamos, lo que se llevaba era un arte conceptual, imágenes en blanco y negro, muy intensas. En ese contexto, nuestro discurso era rompedor, pero, en todo caso, ser iconoclastas nunca fue el objetivo. Encontramos nuestro lugar en las revistas, en las portadas de discos y en la moda. Si hemos sido provocadores no ha sido conscientemente. Cuando era niño, tenía plantas artificiales de colores y fotos de Sansón y Dalila en mi cuarto, y eso era una provocación dentro del mundo cerrado que era mi entorno: mis padres eran el paradigma del buen gusto francés".


Era 1974 cuando Pierre llegó a París. Tenía 24 años y había estudiado fotografía en Ginebra. Allí llegó movido por una ansiedad por escapar de La Roche-sur-Yon, en al región del Loira, que le acechaba desde la infancia. "De crío, veía los barcos y sólo pensaba en cuánto me gustaría subirme a ellos y conocer países remotos", cuenta. Le fue bien y pronto empezó a trabajar para revistas como Interview o Rock&Folk, que, con el tiempo, acabaron por confiarle los retratos de estrellas de la talla de Andy Warhol o Yves Saint Laurent. Casualmente, llegó el mismo año en el que Gilles se fue de Le Havre y se instaló en la capital empleándose como pintor e ilustrador. Pasaron dos años moviéndose en círculos concéntricos, sin llegar a conocerse. Hasta que un amigo en común los presentó en otoño de 1976, en la inauguración de una tienda Kenzo. "Nos advirtió de que íbamos a tener mucho en común.Y efectivamente, nos pasamos toda la noche hablando. En esa época, "¡era Pierre el que más hablaba!", recuerda Gilles entre risas. "Ahora soy más callado, sí?", concede el otro. "Fue un flechazo, y luego acabamos trabajando en la misma revista, Façade, durante cinco años. Pierre hacía las fotos de portada, y yo, las ilustraciones".


Tan poco tardaron en mudarse juntos a un apartamento, en la calle Blancs-Manteaux, como en decidirse a unir sus talentos. Su primera serie a dúo, Grimaces (muecas), data de 1977, y poco después firmaron la imagen que dio a conocer su estilo: un desquiciado retrato de Iggy Pop. Un plano muy corto, a pesar de que el músico les recibió desnudo. Apenas se cubrió con una camisa y una corbata para la foto, pero Pierre et Gilles, tal vez todavía tímidos, se concentraron en el rostro, en lugar de retratar en su esplendor el desnudo masculino, como acabaría siendo su costumbre. Aun así, esa pieza ya refleja el tono, el método y la voluntad de toda su trayectoria. "Nuestro estilo nace con nuestro encuentro. Lo encontramos directamente al conocernos. Así de rápido. Éramos ingenuos. De hecho, aún lo somos. ¡Eso espero! Un artista debe conservar siempre cierta ingenuidad", explica Gilles. "Aunque hemos cambiado mucho en este tiempo, por supuesto. Hemos tenido problemas, dificultades y golpes que nos han hecho ver la vida de otra forma", matiza Pierre.


En efecto, lo estable de su sistema y estética no implica que no hayan evolucionado en sus temas, preocupaciones e ideas. Así, sin dejar de centrarse en el personaje retratado, que siempre es el eje de la imagen, empezaron a introducir escenarios más elaborados y a añadir capas y capas de referencias. Lugares, culturas, tabúes, mitos, todo se agita y se mezcla en sus cabezas y, luego, pasa innegociablemente por sus manos en un ritual que resiste el envite de la tecnología digital. "Somos artesanos. Nuestra creación, en todos sus niveles y momentos, es un trabajo manual. Los decorados los construimos nosotros, los marcos están hechos a mano y el retoque se hace pincelada a pincelada", explica Pierre. "Un artista sólo se expresa cuando controla todo el proceso", zanja Gilles. De hecho, fue la imposibilidad de controlar todos y cada uno de los pasos lo que les hizo abandonar una lucrativa vía de negocio y de visibilidad: los videoclips en particular y la imagen en movimiento en general.


Durante los años ochenta, sus complejas e hiperbólicas fotopinturas dinamitaron las fronteras del arte comercial al que habían sido inicialmente confinadas. De las portadas de discos, los anuncios y las revistas, saltaron a las galerías. Su primera exposición personal fue en 1985 y los ecos de sus luminosas puestas en escena se colaron por las grietas del cine, la publicidad y la música, y también calaron en las obras de otros artistas. De pronto, todo el mundo quería aparecer en sus fotos. Desde Serge Gainsbourg hasta Marc Almond. Desde Madonna hasta Catherine Deneuve. Incluso Michael Jackson, en la cima de su popularidad, les llamó para que trabajaran en un libro íntegramente dedicado a él. Con el dolor de un seguidor que le dice que no a su ídolo, rechazaron su propuesta. Jackson no sabía que cada obra se retocaba a mano y no podía imaginar que completar las 70 imágenes que él ansiaba hubiera significado dos años de dedicación. "Su exuberancia, su gusto por lo barato, los decorados de plástico y su reciclaje de la utilería sadomasoquista conectan con una estética más amplia que se desarrolló en el último cuarto del siglo XX, desde la cultura queer y el Orgullo Gay hasta el vocabulario de diseñadores como Jean Paul Gaultier", escribe Paul Ardenne en el libro de Taschen.


El erotismo es la fuerza que mueve y unifica una variopinta galería de caracteres en la que caben marineros, toreros, faraones, parejas, onanistas, macarras, reinas o diosas. Blancos, negros, azules y amarillos. Todos, iguales ante el deseo y el sexo.


"Hay quien nos tacha de provocadores, pero creo que más que ante una provocación, estamos ante una forma de ver la vida más abierta y tolerante. Por ejemplo, nadie utilizaba modelos árabes cuando nosotros lo hicimos por primera vez. Se interpretó como una provocación, pero no era más que la voluntad de representar a todas las razas y todas las culturas, de no ofrecer una visión sesgada y limitada", defiende Gilles. Y él mismo explica la repercusión que su visión de lo masculino ha tenido ya no en una, sino en varias generaciones. "Muchos jóvenes nos han escrito para contarnos cómo nuestras obras les han ayudado a aceptarse, a darse cuenta de que la homosexualidad también es bella. Por supuesto, eso nos encanta, pero nosotros no queremos dirigirnos sólo a un grupo de gente, nuestro trabajo se dirige a todo el mundo y trata de comprender las diferencias. Es un alegato por la tolerancia".


Cuando, a finales de los ochenta, la pareja dirigió su pecaminosa mirada hacia el santoral cristiano, hubo quien, nunca mejor dicho, puso el grito en el cielo. ¿Nina Hagen como la Virgen María? ¿Un joven musulmán recreando la leyenda de San Sebastián? Pues también eso generó sorprendentes y encendidos entusiasmos. "Recibimos cartas de curas y de personas muy religiosas a las que les gustan mucho nuestros cuadros de santos. Incluso nos hacen propuestas para que los expongamos en iglesias. Respetamos la tradición", cuenta Gilles. "Uno de mis hermanos es cura benedictino y ha escrito un libro sobre arte sacro en el que ha dedicado un capítulo a nuestra obra, vinculándola con el barroco. Es obvio que no a todo el mundo le gusta lo que hacemos, pero desde luego nunca hemos tenido un genuino problema por este asunto. Todas las imágenes están documentadas y no hay ninguna voluntad rupturista en ellas".


Su voracidad pop, que engulle, digiere, mezcla y allana, no se limita al cristianismo. Sus numerosos viajes han dejado improntas más profundas que las de las numerosas calaveras, corazones, rosas y barcos de tinta que surcan su piel. El islam, el budismo, el hinduismo, las divinidades griegas y los mitos también han sido abundante material para sus fantasías. "Para mí, no se trata de creer o no creer, sino de reflexionar, de hacerse las preguntas correctas", responde Gilles acerca de su fe. "Me encantan los rezos y las ceremonias de todas las religiones. Cuando era niño, era muy creyente y me encantaban las películas bíblicas de Hollywood".


Desde ese día, 30 años atrás, cuando empezaron a vivir y trabajar juntos, su vida y su obra quedaron unidas de forma tan visceral como sólo un techo que cobija cama y despacho puede hacerlo. No sólo sus amigos aparecen en sus obras, sus autorretratos dejan constancia de su evolución y de la huella del paso del tiempo en sus cuerpos y sus cuitas. "Con estas obras reinventan el arte del retrato", opina la comisaria de Double je, Elena Geuna. "Lo que es más fabuloso es que Pierre et Gilles se representan tal y como son en realidad, con sus gestos frágiles y la pureza mágica de sus expresiones. Y los convierten, al mismo tiempo, en terreno para la experimentación". Fue en 1977 cuando giraron la cámara sobre sí mismos. Llamaron a la pieza Perversión y es una chirriante composición en la que se ofrecen como objetos sexuales. "Nos mostramos como dos muñecos, como objetos. La perversión está en los ojos del que nos mira, no en nosotros", explica Gilles. Es una pieza ingenua, casi tierna, como demuestra el hecho de que el teléfono que aparece fuera el auténtico. Muchos años después, ya famosos, cuando alguien reveló ese detalle, recibieron un aluvión de llamadas. Nunca se les había ocurrido cambiarlo.


La bonanza les ha permitido instalarse en un nuevo hogar, un templo imposiblemente kitsch al noroeste de la ciudad, en el populoso Le Pré Saint Gervais, en el que no falta un Buda gigante o un bar de corte marinero. "Nuestra casa es un gran decorado, pero no de fotos, sino de vida. Vivimos en un suburbio, así que el entorno no es lo más bonito del mundo. Y cuando abres la puerta, es un poco como entrar en la cueva de Alí Babá", cuenta Gilles. "¡Pero sin nada de valor!", advierte divertido Pierre. Por el camino se ha quedado el piso de Bastille en el desarrollaron el grueso de su carrera. Su ubicación, además, jugó un papel fundamental en el volumen e importancia que adquirió un curioso proyecto: la colección de tiras de fotomatón que Gilles empezó a construir al desembarcar en París. "La he abandonado, porque las máquinas ya no son lo mismo. ¡Las antiguas eran formidables! Por un franco tenías cuatro imágenes distintas, te lo pasabas bien haciéndolas y te ibas con un recuerdo precioso. Se las pedía a todos mis amigos. En Bastille, al lado de casa, había un aparato y siempre mandábamos allí a la gente cuando hacíamos fiestas en casa. A la una o las dos de la madrugada. Las máquinas digitales de ahora ya no permiten eso. Son mucho menos románticas", explica.


La fascinación por el fotomatón no deja de resultar chocante, en boca de un hombre que ha hecho de la extrema elaboración su seña de identidad. Un detalle que no ha pasado desapercibido a Elena Geuna, que ha optado por exponer ese archivo en una sala independiente. "En la colección de fotomatón no hay elecciones, está todo lo que ha caído en mis manos. Y así lo he expuesto. No seleccionaba, simplemente, compilaba los recuerdos de la gente que me rodeaba. Bonitos o feos, divertido o sosos. En cierta forma, es verdad que las fotos de fotomatón son lo opuesto a lo que nosotros hacemos, donde está todo muy calculado y medido. Pero en cualquier fotografía siempre existe la sorpresa. Por mucho que trates de controlarlo todo, siempre hay espacio para lo inesperado cuando revelas la imagen".


En los últimos años, cierta nostalgia parece haberse posado sobre la bulliciosa estética de la pareja. Entre lo sublime y lo grotesco, su trabajo puede generar sesudas reflexiones sobre la representación y la eternidad o ser ventilado con un gesto displicente como paradigma del pop y el kitsch más banal. Entre los dos extremos está su indiscutible originalidad y la influencia que han ejercido en los más variados campos. "Además de ser los artistas franceses más populares y conocidos dentro y fuera de Francia, constituyen un referente importante en el contexto de la fotografía, la escenografía, la publicidad, el diseño o la moda", explicaba en mayo Marta Gili, directora del Jeu de Paume, a EL PAÍS. "Con la construcción de coloridas y sofisticadas imágenes, representan el idealismo, a la vez optimista y nostálgico, de quienes nunca pierden la esperanza en las bondades del ser humano". Pero la cuestión de la influencia deja un sabor agridulce. "No me suele gustar el reflejo de nuestro estilo en la publicidad", afirma Gilles. "El resultado acostumbra a ser vulgar, tosco y superficial. Es una caricatura de lo que somos y de lo que hacemos. En cambio, en el mundo del arte siempre es bonito. Cuando un artista se inspira en tu obra, las piezas crean un vínculo, un diálogo, muy interesante". "Hace unos días tuvimos una entrevista con una periodista israelí que nos mostró imágenes de artistas de su país que, según ella, estaban influidos por nosotros", recuerda con un punto de orgullo Pierre.


El octavo seguidor en lo que va de hora interrumpe la anécdota. Les pide que posen y les retrata con su móvil. Ilusionado, Gilles explica que él no para de sacar fotos con su teléfono. "Cuanta peor calidad, mejor. Me gusta que tengan una resolución muy mala ¡Es como un cuadro impresionista! ¡Es magnífico!". Seguramente, sólo un optimismo así puede explicar una historia de amor como ésta.

2007/06/30

> Berria: Ekainak 28 > FRANCIA: CIENTO DE MILES DE PERSONAS RECLAMAN EN PARIS LA IGUALDAD

  • Desfile gay reúne a cientos de miles en París para reclamar 'la igualdad'
  • Terra, 2007-06-30

Cientos de miles de personas desfilaron hoy en París en la tradicional 'marcha del orgullo gay' para exigir para las parejas homosexuales y lesbianas 'la igualdad' de derechos con las heterosexuales.


'Igualdad. No transijamos', rezaba el enorme cartel que abría la marcha, llena de banderas arco-iris y que, al son de músicas atronadoras de los más diversos estilos, avanzó desde Montparnasse hasta la plaza de la Bastilla con las habituales carrozas y los disfraces más estrafalarios de 'drag queens' y travestís.


Entre los políticos socialistas presentes estaba el alcalde de París, Bertrand Delanoe (que reveló su homosexualidad antes de lanzarse a la conquista del Ayuntamiento, ganado en 2001), la teniente de alcalde Anne Hidalgo y el ex ministro Jack Lang.


Los Verdes estaban representados por su líder, los comunistas por una senadora y la ultraizquierdista LCR por su portavoz histórico, mientras que el partido conservador gobernante UMP del presidente francés, Nicolas Sarkozy, brillaba por su ausencia, pese a la presencia de un consejero de la región de París, que en el pasado tuvo un cargo en esa formación.


La marcha, que congregó a 700.000 participantes según los organizadores, 400.000 (y otros 200.000 espectadores) según la policía, tuvo, como otros años, un claro tinte político.


Es una de las últimas ocasiones de los defensores de los derechos gay para hacerse oír antes de que el Gobierno conservador proponga al Parlamento, a la vuelta de las vacaciones estivales, la creación de un contrato de unión civil para las parejas del mismo sexo.


Esta unión civil, que se celebraría en la Alcaldía, como las bodas, daría a las parejas homosexuales y lesbianas los mismos derechos que a las heterosexuales, salvo el derecho de filiación.


'Un sub-casamiento', denuncia la Interasociativa lesbiana, gay, bi y transexual (Inter LGBT), que reúne a unas 60 asociaciones y organizada la marcha del orgullo gay.


El colectivo exige que esta unión civil no sea reservada a los gays, como pretende Sarkozy, sino que también esté abierta a los heterosexuales, con el fin de evitar la 'guetoización' de homosexuales y lesbianas.


En cuanto a la adopción por parejas gay, esa reivindicación sufrió un duro golpe a manos del Tribunal Supremo que este año puso fin a un montaje utilizado por ciertas parejas para formar una verdadera familia homoparental.


Las asociaciones, que calculan en unos 200.000 los niños criados por parejas gay (otros hablan de 30.000), reclaman un estatuto para el 'segundo' padre o madre.


Sarkozy, opuesto a la adopción para las parejas gay, ha prometido crear un estatuto de padrastro o madrastra para ellos o ellas.