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2007/08/29

> Iritzia: Anne Bonny > HERGE, ¿UN RACISTA GAY?

  • Hergé, ¿un racista gay?
  • Ocio Joven, 2007-08-29 # Anne Bonny
Disquisición sobre un tema recurrente cada vez que sale el creador de Tintín en una conversación sobre su obra: ¿realmente sus cómics sobre el personaje denigran a los que no son blancos y son patentemente misóginos?


Lo primero que hay que tener en cuenta para centrar este tema, es que el señor George Remi (su pseudónimo, Hergé, viene de pronunciar sus iniciales al revés con acento francófono, obviamente) nació en 1907. Por lo tanto, cualquier consideración sobre su obra o su mentalidad desde nuestra óptica será, en el mejor de los casos, sesgada. También hay que tener en cuenta el periodo que le toco vivir: la I Guerra Mundial mientras era estudiante, y la ocupación alemana de Bélgica durante la segunda.Este segundo hecho es, posiblemente, el que haya hecho saltar la liebre sobre las posibles oscuras convicciones morales de Hergé. Un autor que continúa publicando durante la ocupación nazi, cuando la mayor parte de los periodistas se había desvinculado de los medios de comunicación robados, tenía que acabar, por fuerza, antes o después en el punto de mira de algún justiciero a toro pasado. Algunas de sus declaraciones posteriores a la prensa incluso apuntaban ciertas afinidades con el susodicho régimen, pero más que centrar el artículo en hechos históricos –que difícilmente podría valorar alguien de mi formación-, me gustaría focalizarlo en los cómics en sí.



La primera cosa que llama la atención en la obra de Tintín es la ausencia de mujeres. Quizá más preciso sería decir la ausencia de mujeres carismáticas. Una breve introspección nos pondrá de manifiesto este patente hueco en la obra: la mayor parte de las mujeres que aparecen son poco agraciadas y tienen papeles poco halagüeños. Bianca Castafiore, de hecho, es la única que se perfila como un personaje de peso dentro de la serie. Y no es que Hergé no supiera dibujar mujeres, quizá no seductoras, pero de un patente carisma: en Jo, Zette y Jocko, publicación nacida de las inquietudes de los padres de los lectores de Le Petit Vingtième (que encontraban a Tintín poco adecuado como modelo) aparece un madre guapa, y de carácter. Queda claro que para Hergé este tipo de personaje no resultaba especialmente interesante dentro de su obra, pues con esta última serie nunca se sintió muy cómodo.Tres cuartos de lo mismo ocurre con sus caricaturas de negros y chinos en varios de sus cómics más controvertidos. Hay quien ha querido leer aquí un poso de racismo que, desde mi particular punto de vista, choca frontalmente con un hecho de su biografía: la amistad que el autor tuvo con Tchang Tchong-jen –quien le inspiraría a cierto personaje de El Loto Azul-. Pero claro, siendo que Hergé fue encarcelado varias veces después de la II Guerra Mundial, que aceptó trabajar para reconocidos fascistas y que debutó como dibujante en un periódico ultraconservador, este tipo de anécdotas parecen ser síntomas de algún oscuro secreto.



Juzgar a Hergé el hombre creo que es algo que está totalmente fuera de la lógica, y que no es ni sano, ni racional. Y en cuanto a juzgar su obra, siempre desde la óptica del lector, no me parece mal hacerlo siempre y cuando uno se pare a pensar un poco en el marco donde se desarrolla ésta.¿Tintín en el país de los Soviet es una obra anticomunista? Muy posiblemente, y su publicación en Le XXème Siècle no tuvo, probablemente, nada de inocente. Pero tampoco se puede negar que en otras obras del autor, como en El cetro de Ottokar, hay una crítica bastante clara contra la expansión fascista en particular o los dictadores en general.Y en cuanto al supuesto racismo, e incluso sin pararnos a pensar en el momento histórico en el que se dibujan estas historietas, ¿cómo se puede pretender que Tintín retrate un ambiente claramente colonialista sin que los nativos salgan desfavorecidos? Desde mi punto de vista, en El Loto Azul hay una escena que expone muy claramente lo que piensa Hergé –o quizás sólo Tintín- de la actitud occidental en dichas colonias (o ex colonias).



Con el tema de las mujeres pasa más o menos igual. ¿Podría haber dado Hergé un papel más relevante a algunas mujeres en sus cómics? Sí, claro, por qué no. Pero él es el artista y decidió que el cómic funcionaba mejor de otra forma. ¿Se habría visto perjudicado el encanto de Tintín sin la amistad con el borrachín capitán Haddock como exclusiva compañía? Quién sabe… Desde luego, las Joyas de la Castafiore no hubiera sido lo mismo si la cantante Bianca ni hubiera sido un personaje tan esperpéntico.Desde mi punto de vista, es inadecuado criticar una obra por lo que se crea entrever en lecturas entre líneas y detalles fuera de contexto. ¿Era Hergé un gay racista y misógino? Lo desconozco y, francamente, no me importa lo más mínimo. Lo que de verdad me importa es que fue un maestro de la narración que dio una dignidad al cómic que le ha permitido evolucionar hasta donde está ahora. Eso, y que sus cómics, que he leído muchas veces, son obras maestras, no subversivos panfletos de oscuras ideologías, como más de uno quisiera ver. Al menos, para un lector con dos dedos de frente.

2007/08/09

> Erreportajea: Arrazakeria > BELGICA: LOS FANTASMAS DE TINTIN

  • Reportaje: revisión de la historia
  • Los fantasmas de Tintín
  • Un congoleño afincado en Bélgica demanda a Moulinsart por publicar una obra "racista"
  • El País, 2007-08-09 # Ana Carbajosa · Bruselas


Mbutu Mondondo nació y creció en la República Democrática del Congo. Hasta que un buen día, hace 15 años, sus padres lo enviaron a Bélgica para ampliar sus estudios y labrarse un futuro mejor. Estos años, en los que ha compaginado estudios de ciencia política con trabajos de todo tipo, le han servido a Mondondo para darse cuenta de que Bélgica "no ha sido capaz de asumir la responsabilidad" de un pasado colonial manchado de sangre. El reinado de Leopoldo II en el Estado Libre de Congo a partir de 1885 y la posterior fundación del llamado Congo belga, que se cobraron la vida de millones de africanos, forman parte de la historia más sangrienta del colonialismo europeo. Mondondo quiere que Bélgica se enfrente cara a cara con su pasado y por eso acaba de llevar ante la justicia a Moulinsart, la sociedad que posee los derechos de Hergé, el dibujante que creo al reportero belga más famoso: Tintín.


El documento que este congoleño de 38 años ha depositado ante el Tribunal de Primera Instancia de Bruselas dice que la aventura africana del joven periodista, Tintín en el Congo, es un libro "racista y xenófobo" y pide su retirada de las librerías. "Hay viñetas de Tintín en el Congo que considero inadmisibles. Es pura propaganda colonialista", cuenta Mondondo en un café bruselense. Abre el libro, en su edición coloreada, no la original en blanco y negro, de 1931, y pasa una a una las páginas. Se detiene en la 20. Dice que ahí es donde surgen sus "verdaderos problemas de conciencia".


Ahí, en la página 20, Tintín, de viaje por las profundidades del Congo belga, choca su coche contra un tren. Curiosos, los aldeanos de un poblado cercano rodean al joven reportero, que enseguida les pide de malas maneras que se pongan a trabajar y que retiren la locomotora. El jefe del poblado, medio disfrazado de monarca, dice que está cansado. Y es el inseparable Milú, el perro que acompaña a Tintín en todas sus aventuras, el que arrima el hombro. "Venga, pandilla de perezosos, a trabajar", se lee en un bocadillo que sale de la boca del animal. Al final, los aldeanos echan una mano, mientras Tintín mira cómo los demás trabajan.


Mondondo echa mano de documentos de la época, que muestran cómo en 1910 un belga, el director de los ferrocarriles de Katanga (al sur de la República Democrática de Congo) pidió por escrito ayuda a las autoridades belgas para que obligaran a trabajar a "los negros de carácter perezoso". "Una comisión parlamentaria belga había prohibido dos años antes el uso de la fuerza con los trabajadores y Hergé, sin embargo, no tiene reparos en defenderla", se indigna este hombre, asustado ante la repercusión de su demanda, que ha despertado el interés de radios, televisiones y periódicos de medio mundo.


Este congoleño se animó a llamar a las puertas de la justicia después de que la comisión británica para la igualdad racial denunciara el mes pasado lo que consideraba contenido "racista" del tebeo, lo que llevó a librerías en el Reino Unido y en EE UU a desplazar la obra de Hergé a la sección de adultos.


El propio Georges Remi, más conocido como Hergé, reconoció que, a sus 23 años, cuando escribió Tintín en el Congo, pecó de ingenuo, que se trató de una obra de juventud y que hay que interpretarla en el contexto histórico de la época. Que hay que considerarla un retrato de la imagen que se tenía en la época del Congo belga, país que no logró la independencia hasta 1960. Y es en estas declaraciones del autor en las que fundamenta su defensa Moulinsart: "Hergé no renegó de su libro y nosotros no queremos contradecir su voluntad", explica Marcel Wilmet, portavoz de la sociedad consagrada a la obra de Hergé, con sede en Bruselas. Y cita como ejemplo otras obras de juventud como Tintín y los sóviets o Tintín en América, donde los comunistas y los indios son los malos y los americanos y cowboys, los buenos.


Pero a Mondondo no le interesa demasiado la evolución histórica del artista. Sí le interesa que los belgas "se enfrenten cara a cara con su pasado y que en las escuelas belgas se enseñe la historia de una colonización que causó millones de muertos". Dice que con su demanda quiere decirle a los belgas que "la historia no se puede explicar a través de viñetas que minimizan lo que pasó. Hay que abrir el debate, y, si no lo abrimos hoy, los jóvenes africanos, que todavía hoy sufren en Europa el racismo, lo abrirán mañana no sabemos muy bien cómo".

2007/08/08

> Berria: Arrazakeria > TINTIN NO ES RACISTA, PERO SI DE DERECHAS

  • Tintín no es racista, pero sí de derechas
  • Para los dibujantes de cómic del mundo, Georges Rémi, alias Hergé, es casi un padre espiritual. Perfeccionista y metódico, el artista belga creó a Tintín en 1929. Sus aventuras han alegrado a niños y mayores desde entonces, pero tras la apariencia ingenua del personaje se esconde el conservadurismo de su autor, que acabaría convertido en desencanto
  • ADN Mundo, 2007-08-08 # Yago García
La primera aventura de Tintín, En el país de los Soviets (1929) fue creada por orden del periódico católico Vingtième Siècle como propaganda anticomunista. Inspirado en las andanzas del militar Paul Rémi, hermano del artista, el cómic presentaba a la Unión Soviética como un infierno donde la población se muere de hambre mientras los jerarcas del partido acumulan víveres, y donde la GPU (policía política antecesora del KGB) impone su ley de terror. Aunque años después muchas de las conjeturas de Hergé se revelarían como ciertas, no hay que olvidar que la intención de los primeros álbumes era abiertamente adoctrinadora.

Este propósito se repetiría al año siguiente en Tintín en el Congo, otra pieza de propaganda destinada a alabar la labor civilizadora de Bélgica en su colonia africana. A lo largo de diversas aventuras, el cómic presenta a los nativos como seres infantiles que imitan de forma ridícula las modas europeas y necesitan la guía de Tintín, aquejado aquí de lo que Kipling llamaba la carga del hombre blanco: el deber de imponer sus conocimientos a naciones "menos civilizadas".

Este punto de vista se repite en las siguientes entregas, con los indios supersticiosos y brutales de Tintín en América (1931) y el Egipto de Los cigarros del faraón (1932). En 1935, el contacto con el estudiante chino Chang Chongjen, con el que se entrevistó para documentar la historieta El loto azul , supuso en palabras del propio Hergé un cambio radical en su visión de las culturas no europeas.

El retrato de la China de entreguerras realizado por el artista en este álbum supone uno de los primeros estudios culturales serios plasmados en un cómic e incluye una mirada crítica al imperialismo japonés en el sudeste asiático, pujante entonces.

Sospechas de colaboracionismo
En 1939, el estallido de la II Guerra Mundial pone a Hergé en una de las situaciones más complejas de su vida. La historieta en la que trabajaba por entonces, Tintín en el país del oro negro , presenta a un Tintín enfrentado por igual a perversos jeques árabes, a las tropas inglesas y a terroristas judíos que exigen la creación de Israel. La ocupación alemana de Bélgica (1940) no le obliga a interrumpir su trabajo, pero sí hace aconsejable interrumpir la historia y comenzar otra, El cangrejo de las pinzas de oro, primera aparición del borrachín capitán Archibald Haddock y su repertorio de insultos.

Después de la guerra, el dibujante será arrestado seis veces por sospechas de colaboracionismo con los rexistas (fascistas belgas) y los nazis. Por más que la investigación no arrojase resultados, el líder rexista León Degrelle llegará a escribir un libro titulado Tintin mon Copain ("Mi amigo Tintín", 1992) en el que afirma haber servido de modelo para crear al personaje, algo que nunca se pudo demostrar.

Cuando Hergé adaptó las primeras aventuras de Tintín para su publicación en color (1946) introdujo cambios de importancia: la exaltación del colonialismo de los álbumes de los años 30 desaparece o se ve muy atenuada, y el autor llega al extremo de no autorizar la reedición de El país de los soviets.Historias posteriores como Tintín en el Tibet (1959) o Las joyas de la Castafiore(1961) ofrecerían una visión inusitadamente positiva de etnias como los gitanos o los sherpa del Himalaya, pero vistas siempre desde una perspectiva paternal y no exenta a veces de burla.

Georges Rémi, alias Hergé, murió en 1983 sin concluir el álbum Tintín y el Arte Alfa . La última entrega publicada de las andanzas del reportero, Tintín y los Pícaros (1976) presentaba una visión desencantada y amarga de una revolución en la ficticia república centroamericana de San Teodoro . La perspectiva es más realista que en las otras entregas (reflejando el papel de las multinacionales americanas como promotoras de la revuelta, por ejemplo) y la última viñeta nos muestra que el cambio de poderes no ha traido ninguna mejora al país. En las últimas historias de Hergé ya no había sitio para buenos ni malos.

2007/07/12

> Berria: Arrazakeria > REINO UNIDO: PIDEN LA RETIRADA DEL ALBUM "TINTIN EN EL CONGO" POR RACISTA

  • Piden la retirada de un álbum del reportero Tintín por racista
  • Una organización británica quiere prohibir la venta de 'Tintín en el Congo' en el Reino Unido
  • El País, 2007-07-12 # EFE · Londres

La Comisión británica para la Igualdad Racial (CRE, en sus siglas en inglés) ha lanzado una iniciativa para prohibir la venta de uno de los cómics con las aventuras del famoso reportero Tintín, por tratarse de un libro que "pone de relieve groseros estereotipos raciales". La historieta cuestionada es Tintín en el Congo, escrita en 1930 por el dibujante belga Georges Remi, más conocido como Hergé, que narra las aventuras del periodista en su viaje al país centroafricano, que en aquel entonces era colonia de Bélgica.


Este libro contiene "imágenes y palabras acerca de prejuicios raciales atroces, donde los 'nativos salvajes' parecen monos y hablan como imbéciles", ha señalado un portavoz de CRE, según informa el periódico británico The Times. La CRE, concretamente, pide a la cadena de librerías Borders que retire el segundo álbum de la serie Las aventuras de Tintín de sus estanterías, cómic que anteriormente ya fue trasladado a la sección de adultos por las protestas acerca de sus contenidos racistas.


"Disparate racista y pasado de moda"

"¿Cómo y por qué Borders cree que es correcto vender este tipo de material racista?", se cuestiona la CRE, a lo que añade que el único lugar donde sería "aceptable que este material se expusiera sería en un museo, junto a un gran cartel que dijera: Disparate racista y pasado de moda". Los portavoces de Borders, sin embargo, sostienen que su compromiso es dejar que los clientes "hagan su elección".


Egmont, editorial que publica el libro, se defiende alegando que todas las ediciones que llegan a las librerías llevan una etiqueta que advierte de que el cómic contiene "estereotipos burgueses y paternalistas de la época, interpretación que algunos lectores podrían encontrar ofensiva".


Hergé, que dibujó la historia a finales de los años veinte, se disculpó tiempo después por los contenidos "ofensivos" de algunos de sus libros. "En cuanto a Tintín en el Congo, así como Tintín en el país de los Soviets, el hecho es que mientras crecía me alimenté de los prejuicios de la sociedad burguesa que me rodeaba", admitió Hergé, a lo que añadió que es cierto que ambos álbumes fueron "pecados de la juventud" y que si los escribiera de nuevo, serían distintos.


La edición actual, la primera de este cómic de Tintín que se publicó en color en el Reino Unido, se lanzó en 2005, después de más de diez años vendiéndose en otra edición en blanco y negro.

2007/06/21

> Iritiza: Paolo Fava > HERGE, NI FASCISTA NI GAY; TINTIN... VAYA USTED A SABER

  • Hergé, ni fascista ni gay; Tintín... vaya usted a saber
  • Papel en blanco, 2007-06-21 # Paolo Fava
Tintín abandonó sus prejuicios al mismo tiempo que Hergé, nos dice Pierre Godin, su último biógrafo. Y es que ni siquiera la celebración del centenario de Georges Remi (Hergé) es capaz de despejar las contradicciones y los claroscuros que dominaron la vida de un autor mucho más torturado de lo que su obra deja entrever. Forzado a una educación católica, empleado por un diario de ultraderecha y aceptando trabajar en diario adictos al régimen nazi, Hergé se labró en los primeros años de su carrera una fama de colaboracionista que nunca conseguiría dejar atrás, a pesar de la consagración de su personaje como héroe nacional. Lo cual exige no poco de indulgencia hacia un Tintín que en sus comienzos tenía poco de personaje neutro infantil.

Y es que Tintín nació con una evidente intención política: fue un encargo de la publicación Le XXème Siècle para hacer una historieta infantil que adoctrinase contra el comunismo. Y en eso consiste la primera aventura de Tintín, en intentar llegar al país de los Soviets mientras los agentes bolcheviques intentan detenerle, temerosos de que cuente la verdad. Si alegamos que cualquiera es libre de tener una opinión política (aunque eso no justifique el “adoctrinamiento” de las mentes infantiles) y que la denuncia del sistema soviético tuviese, pese a su parcialidad, visos de verdad, mucho más difícil de entender es el siguiente albúm, Tintín en el Congo.

En él vemos aparecer una ideología colonialista y racista execrable, más aún conociendo el transfondo de la ocupación belga en el Congo. Tintín trata con desprecio y arrogancia a los ridículos “negritos”, que se maravillan de lo bien que piensa el “señor blanco”. Mientras, el reporter se dedica a masacrar tranquilamente a la fauna local (en un momento “chistoso” acaba de un plumazo con un rebaño entero de gacelas) y alcanzamos cimas del despropósito en unas escenas, posteriormente censuradas, en las que Tintín confunde el llanto de un bebé negro con los ladridos de Milú. Ese era el primer Tintín: oscuro, dogmático, antipático, cafre. Un hombre atrapado por sus propios prejuicios.

Cuenta la leyenda que, mientras preparaba Tintín en China, Hergé recibió una carta de un misionero escocés que le advertía que, si pintaba China como un cúmulo de estereotipos con cara amarilla y sombreros cónicos, causaría un daño irreprable. Con la mediación de este misionero Hergé entró en contracto con Tchang Tchong-Jen, un joven estudiante chino de bellas artes. Y su vida cambió. Sus horizontes se extendieron. A Tintín le salió un amigo, evidentemente llamado Tchang. Tintín en China pasó a ser El Loto Azul, y sus álbumes se transformaron en las elaboradas reconstrucciones de otras culturas y lugares que muchos adoramos. Hergé nunca abandonó el estereotipo (el pérfido oriental de dientes de conejo, el sibilino judío, el dictador latino corrupto y sudoroso) pero exhibiéndolo con una sabia ironía, con distancia.

Tintín había heredado así una misión mucho mayor: liberar a toda la humanidad, ser campeón de los oprimidos. Hergé quería luchar contra todos, incluso contra los nazis bajo los que trabajaba con El cetro de Ottokar, crítica del Reich que logró evadir la censura. El amor de Tintín por Tchang tendría su correlato en el de Hergé por Tchong-Jen, quien en los ochenta removió cielo y tierra para reencontrarse con su viejo amigo chino al que había perdido la pista tras la revolución comunista y que era un comunista convencido. La historia de Tintín es la de un Hergé abriéndose al mundo, de un conquistador. Y sin embargo, no acaba de parecer Tintín un ser completo.

Hergé encontró la felicidad con una mujer mucho más joven que él. ¿Conocieron esa felicidad sus personajes? Sus héroes Tintín, Haddock y Tornasol son un trío de solterones alienados que no saben muy bien lo que pintan en este mundo y se consuelan mutuamente. ¿Hace alguna vez Tintín algo remotamente propio de un reporter, tien alguna familia más allá de Milú? ¿Tiene algún sentido su existencia fuera de las disparatadas aventuras en las que se embarcan? ¿Y porque su club sólo acepta hombres? Se han vertido ríos de tinta sobre esta cuestión, tan del gusto posmoderno: ¿Porqué el único personaje femenino de Tintín aparece tarde y es un pajarraco grotesco como la Castafiore, que amenaza la plácida soltería de Haddock?

Atajemos lo evidente: Tintín no es homosexual porque simplemente es asexual, un eterno prepúber. En cambio, el encallecido Haddock vive en un estado de enajenación perpetua, entre el alcohol, sus crisis de histeria y su más que probable demencia. Y qué decir de Tornasol. Uno no se ha iniciado en el sexo, los otros lo han dejado atrás. Es el precio que pagan por vivir en el eterno estado de juego, de inocencia que caracteriza las aventuras de Tintín. Pero insistimos: ¿porqué no hay mujeres? ¿Tara de una estricta educación religiosa, misoginia, incapacidad de asumir a una mujer en un rol aventurero? Hergé no pudo dar respuesta y lógicamente nosotros tampoco podremos. Lo que Hergé fue no nos explica lo que es Tintín. Quizás Hergé nunca entendió que su personaje le pedía ser feliz de una manera diferente, que Tintín quería a su Tchang de una manera que él sólo llegaba a intuir.