2007/07/27

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  • La actualidad de tradiciones de Asteasu
  • «¿Será posible encontrar instituciones, personas que como Mari tengan la capacidad de poder resolver las contradicciones mediante una conjunción armónica? Lo que queda claro es que interpretaciones culturales avalan su existencia».
  • El Diario Vasco, 2007-07-27 # Teresa del Valle · Catedrática de Antropología Social · Universidad del País Vasco

Hace ya catorce años que en uno de los bares del pueblo me iniciaron en una costumbre que se pierde en el tiempo. En esa época del año, bisagra entre la primavera y el estío, el fresno simboliza la suerte. Así bajo la vigilia de la luna llena seguimos aquel año el cauce del río mientras su sonido acompañaba el silencio. Pronto descubrimos el fresno, cortamos las ramas: dos para cada casa, y en el camino de regreso oí el relato acerca de como Mari, la dama mítica, sigue bajando de su morada en el monte Ernio para visitar el pueblo entre la medianoche y el alba. Después siguiendo la costumbre colocamos las ramas en las puertas de las casas cercanas en Kale Nagusia.


Desde entonces cada mañana de San Juan me encuentro con las ramas del fresno en la puerta de casa y agradezco esa señal de manos y deseos amigos. Las tradiciones penden de hilos sutiles y sus oscilaciones o pervivencia poco tienen que ver con los índices del consumo o con las negociaciones políticas. Su fragilidad se basa en que se nutren de las apreciaciones humanas y de sus voluntades para hacerlas efectivas. Y simultáneamente se impregnan de fuerza cada vez que se activan porque muestran adaptaciones y continuidades ya que nunca permanecen estáticas. Aunque se realizaran con la misma exactitud, cosa imposible de hacerlo, su vivencia, las emociones que suscitan, las interpretaciones, añaden nuevas dimensiones y las posibilidades de adaptación continua. La suerte encerrada en el simbolismo del fresno es un bien intangible cuya interpretación clave a mi entender no está relacionada con el devenir de ese año hasta la próxima noche de San Juan, sino en la expresión de los buenos deseos por parte de quienes lo ponen. Acto que cobra mayor importancia porque compite con objetivos mercantilistas que anulan muchas veces los significados de gestos y guiños sociales que se escapan a mediciones economicistas. En el caso de Asteasu, la existencia de una manera de poder activar el deseo de la suerte en las relaciones vecinales y conservar la receptividad a su lectura, es hacer ya realidad el beneficio de la suerte.


Todavía aún bajo los efectos del solsticio recién inaugurado con sus saltos en la hoguera y los cantos y música todavía en el aire Mari se ha vuelto a hacer presente, no en la ocultación de la noche, sino en el momento cumbre del comienzo de las fiestas anuales en torno a San Pedro en un sincretismo de presencias míticas, tradiciones diversas y referencias religiosas.


El inicio festivo como sucede en muchos pueblos y ciudades de nuestra geografía se lleva a cabo en la plaza que con antelación recoge el nerviosismo y la expectación de la gente pequeña y las presencias adultas que acuden para acompañar y también como expresión de pertenencia a la comunidad. Los cohetes, la música, sirven para marcar los pasos de la espera que tienen su punto álgido cuando tras el txupinazo, Mari se hace presente deslizándose hasta el balcón del ayuntamiento y anunciar la fiesta en una lengua antigua con un mensaje actual. El personaje mítico del que Barandiaran recogió tantos relatos y que lo mismo aparecía en las creencias locales en cuevas como en montes, en Anboto como en Murumendi, ha descendido una vez más del Ernio para abrir las fiestas de 2007. Y de ahí el pregón, los deseos para los días de música variada, actuaciones de bersolariak, parque infantil, partidos de pelota, concursos, música, conciertos y el protagonismo que recorre la fiesta y singulariza a todos y cada uno de los grupos de edad. Está presente a lo largo del día y también en la noche.


De todas las características que según Barandiaran aparecían en las narraciones acerca de Mari quiero destacar la actualidad de su versatilidad y ubicuidad porque me parecen pertinentes en el día de hoy. Aunque es capaz de estar en lugares concretos cuyos nombres son identificables: cuevas, riscos, montes también posee la capacidad de trasladarse de un lugar a otro de manera que lo mismo que en Bizkaia se la reconoce que habita en Anboto, también he oído relatos en el estado de Nevada en Estados Unidos en los que se narraba que también se había visto allí a Mari. La segunda característica descrita ampliamente por Barandiaran es la de ser dueña tanto del Si como del No, es decir: Mari posee la habilidad de conjugar las contradicciones.


Dos características que a pesar de que surgen de interpretaciones de representaciones que se pierden en el tiempo, también forman parte de signos de la contemporaneidad donde nos enfrentamos por un lado, a nuevas interpretaciones y nuevas vivencias del tiempo y del espacio que están presentes en la cotidianeidad. Y simultáneamente, a las contradicciones como resultado de la existencia continua de fuerzas contrapuestas. Estas abarcan dimensiones sociales, políticas, económicas. Su origen tiene que ver en la mayor parte de los casos, con las grandes desigualdades en el acceso a bienes básicos para una vida digna; al ejercicio descontrolado del poder y a la incapacidad para erradicar todo tipo de violencia: de género, política tanto en sus manifestaciones reales como en las simbólicas. ¿Será posible encontrar instituciones, personas que como Mari tengan la capacidad de poder resolver las contradicciones mediante una conjunción armónica? Lo que queda claro es que interpretaciones culturales avalan su existencia.

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