2007/01/02

> Berria: Diskriminazioak > INDIA: UN PRINCIPE CASTIGADO POR SER GAY LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACION

  • Una batalla contra una ley victoriana
  • Castigado por ser gay, un príncipe de la India lucha contra la discriminación
  • Es el hijo de una familia de marajás que vivió entre privilegios y hasta se casó forzado. El reveló su condición y fue sancionado porque en su país ser homosexual es delito.
  • Clarín, 2007-01-02

Como hijo de marajá, Manvendra Singh Gohil se crió en una burbuja de prestigio y privilegios, rodeado de gente que lo trataba con tanta reverencia que recién a los 15 años cruzó la calle solo.

Así, la burla pública y el rechazo de estos nueve últimos meses han sido una experiencia nueva. Gohil, sin embargo, no podría estar más contento.

Por fin lleva una vida honesta, pese a haber desatado un escándalo en la casa real de Rajpipla, uno de los ex estados principescos de India. En marzo, reveló un secreto que había guardado siempre a un diario local, que enseguida lo sacó en primera plana. El titular fue: "El príncipe de Rajpipla declara que es homosexual." "Y el diario se vendió como pan caliente", dijo Gohil con una mueca triste.

En el alboroto que se produjo a continuación, habitantes de la ciudad natal de Gohil arrojaron su foto a una fogata. Sus padres renegaron de su único hijo varón, publicando avisos en la prensa y haciendo saber que lo desheredaban por su participación en "actividades inaceptables para la sociedad". La madre amenazó con demandar a cualquiera que se refiera a él como hijo suyo.

Para los amantes del escándalo, el cuento del príncipe indio gay es un asunto irresistiblemente jugoso: un romance en la adolescencia con un sirviente, un matrimonio sin sexo con una princesa menor de edad, una depresión nerviosa. Para Gohil, quitarse la máscara significó poder hablar contra una ley que lo convierte no sólo en paria de la nobleza sino en un delincuente.

Aquí, en la democracia más grande del mundo, con 1.100 millones de habitantes, el sexo entre dos personas del mismo género sigue siendo un delito. A décadas de que India se liberó del yugo del régimen británico, el país todavía sigue aferrado a un estatuto de la era victoriana establecido hace casi 150 años, que exige prisión vitalicia para quien "mantenga relaciones carnales contrarias al orden de la naturaleza".

En la práctica, son pocos los casos que van a la Justicia. Pero abundan los informes de que la policía usa la ley para acosar y chantajear a homosexuales.

Los defensores de derechos humanos y grupos de abogados están haciendo lobby para derogar o enmendar la ley. En setiembre, numerosas personalidades de la India, entre otros el economista ganador del Premio Nobel Amartya Sen, sumaron sus voces a la campaña. Los activistas tienen las esperanzas puestas en una objeción legal pendiente en este momento ante el Alto Tribunal de Nueva Delhi. Una audiencia está prevista para este mes.

De todos modos, cambiar las actitudes resultará una tarea mucho más difícil. Pese a la prosperidad de la India, sigue siendo una sociedad sumamente conformista y conservadora donde la mayoría de los matrimonios son arreglados y la presión para tener hijos es enorme.

Los que son distintos aprenden a guardar reserva y a sentirse culpables. Gohil, que en la actualidad tiene 41 años, no parece el vocero más apropiado para enfrentar al sistema, del que se ha beneficiado profusamente. Las familias reales fueron apartadas del poder político formal después de la independencia del país en 1947, pero muchos conservan grandes riquezas. Los padres de Gohil, el maharajah y la maharani de Rajpipla, una localidad eminentemente agrícola en el estado occidental de Gujarat, son los principales terratenientes de la comunidad y poseen varios palacios a su nombre. Gohil vivió en su ciudad natal y en la residencia de la familia en Mumbai, absorbiendo durante su infancia todo el refinamiento del protocolo y la etiqueta reales, asistió a las mejores escuelas y fue atendido a cuerpo de rey.

Al graduarse en la universidad, creció la presión de sus padres para que se casara, prolongando así el linaje en Rajpipla, y asumiera sus obligaciones como custodio de la herencia real de la familia, que se remonta 600 años atrás. Gohil, que en ese entonces tenía 25 años, aceptó y el matrimonio resultó un desastre. No obstante, le llevó años ponerse en contacto con un famoso activista gay en Mumbai, antiguamente Bombay. Lentamente, comenzó a sincerarse y a participar cada vez más en la comunidad gay, donde pasó a ser asesor en temas relacionados con el VIH.

"Mis padres creían que estaba en la escuela de yoga, pero salía a distribuir preservativos", contó.

De todos modos, la tensión creciente de fingir tuvo sus consecuencias. En 2002, sufrió una crisis nerviosa y pasó 15 días internado. Al final, su psiquiatra organizó un encuentro con sus padres, su hermana y el marido de ésta para informar a su familia acerca de su orientación sexual. Desde entonces, Gohil está sumergido en el trabajo sobre VIH/SIDA a través de la organización Lakshya que fundó en 2000. Y dice que "no lamenta" para nada sus decisiones ni las consecuencias públicas que las siguieron.

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